
Las catástrofes naturales, la violencia, la injusticia y una larga lista de males parecen ocultar la bondad de Dios en el mundo
Mercedes Malavé
Los terremotos, el paro forzoso, la violencia del terrorismo, las familias desunidas... son signos que nos ponen en ocasión de preguntarnos: ¿Es Dios realmente bueno? El Papa conoce muy bien las inquietudes y los deseos del corazón de los hombres que somos, de algún modo, sus hijos. Por eso, últimamente nos está dando claves para reconocer la bondad de Dios aún en medio de las catástrofes.
Reflexionemos sobre una de ellas, la omnipotencia de Dios reflejada en la persona de Jesucristo: "Lamentablemente, también hoy muchos viven alejados de Cristo, no conocen su rostro y, así, la eterna tentación del dualismo se renueva siempre, es decir, que quizá no existe sólo un principio bueno, sino también un principio malo, un principio del mal; que el mundo está dividido y son dos realidades igualmente fuertes: el Dios bueno es sólo una parte de la realidad. ¡Un Dios no omnipotente! ¡El mal no está en sus manos! ¿Cómo podríamos encomendarnos a este Dios? ¿Cómo podríamos estar seguros de su amor si este amor acaba donde comienza el poder del mal? Pero Dios ya no es desconocido: en el rostro de Cristo crucificado vemos a Dios y vemos la verdadera omnipotencia, no el mito de la omnipotencia. Para nosotros, los hombres, la potencia, el poder siempre se identifica con la capacidad de destruir, de hacer el mal. Pero el verdadero concepto de omnipotencia que se manifiesta en Cristo es precisamente lo contrario: en él la verdadera omnipotencia es amar hasta tal punto que Dios puede sufrir: aquí se muestra su verdadera omnipotencia, que puede llegar hasta el punto de un amor que sufre por nosotros. Y así vemos que él es el verdadero Dios y el verdadero Dios, que es amor, es poder: el poder del amor. Y nosotros podemos encomendarnos a su amor omnipotente y vivir en él, con este amor omnipotente" (Encuentro con el clero de la Diócesis de Roma: "Lectio divina". Roma, 18-2-2010).

No existen dos principios: el bien y el mal. Dios es el único bien y es omnipotente. La clave para conocer la mano bondadosa de Dios detrás de los acontecimientos tristes, es buscar activamente la unión con Jesucristo, que se hizo hombre para padecer con nosotros y redimir el sufrimiento: "Tenemos que aprender que la omnipotencia de Dios no es un poder arbitrario, pues Dios es el Bien, es la Verdad, y por este motivo Dios lo puede todo, pero no puede actuar contra el bien, no puede actuar contra la verdad, no puede actuar contra el amor y contra la libertad, porque Él mismo es el bien, es el amor, y la verdadera libertad. Por eso, todo lo que hace no puede estar nunca en contraposición con la verdad, con el amor y la libertad. La verdad es lo contrario. Dios es el custodio de nuestra libertad, del amor, de la verdad. Este ojo que nos ve no es un ojo malo que nos vigila, sino que es la presencia de un amor que no nos abandona nunca y nos da la certeza de que el bien es ser, el bien es vivir: es el ojo del amor que nos da el aire para vivir" (Homilía en la Catedral de Aosta. Italia, 24-7-2009).


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