PARROQUIA DE LOS REMEDIOS

Le damos la bienvenida al blog de la Parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios (Los Llanos de Aridane)

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 26 de marzo de 2010 0 comentarios



Evangelio según San Lucas 22,14-71.23,1-56.Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios". Y tomando una copa, dio gracias y dijo: "Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios". Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí. Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!". Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso. Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande. Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve. Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos". "Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte". Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces". Después les dijo: "Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?". "Nada", respondieron. El agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una. Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí". "Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas". El les respondió: "Basta". En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación". Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?". Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: "Señor, ¿usamos la espada?". Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. Pero Jesús dijo: "Dejen, ya está". Y tocándole la oreja, lo curó. Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos? Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas". Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos. Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: "Este también estaba con él". Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo conozco". Poco después, otro lo vio y dijo: "Tú también eres uno de aquellos". Pero Pedro respondió: "No, hombre, no lo soy". Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: "No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo". "Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices". En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo. El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: "Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente. Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban; y tapándole el rostro, le decían: "Profetiza, ¿quién te golpeó?". Y proferían contra él toda clase de insultos. Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: "Dinos si eres el Mesías". El les dijo: "Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso". Todos preguntaron: "¿Entonces eres el Hijo de Dios?". Jesús respondió: "Tienen razón, yo lo soy". Ellos dijeron: "¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca". Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías". Pilato lo interrogó, diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?". "Tú lo dices", le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No encuentro en este hombre ningún motivo de condena". Pero ellos insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén. Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad". Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!". A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Por tercera vez les dijo: "¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad". Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos. Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?". Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!". También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!". Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos". Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". El le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso". Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo". Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

ES SEMANA SANTA: "El que tenga oidos que oiga"

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Hasta ocho veces aparece Jesús en el Evangelio empleando la expresión "el que tenga oídos, que oiga". También, en el Apocalipsis de San Juan, el propio Jesucristo resucitado, que se presenta a sí mismo como "el Primero y el Último, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos", repite la misma frase siete veces.
Tanto este dicho, "el que tenga oídos, que oiga", como el sinónimo, "el que tenga oídos para oír, que oiga", son utilizados por Jesús para llamar la atención de sus oyentes sobre algo que les está diciendo y que es de suma importancia para sus vidas, pero que hace falta prestar una especial atención para captar su significado. Además de percibir las palabras por medio del oído, es necesario escuchar, es decir, aplicar "el oído interior", poner cuidado y atención para comprender lo que se dice y darse por aludido. "El que tenga oídos, que oiga", es todo lo contrario a ese otro dicho, "por un oído me entra y por el otro me sale", que es propio del que oye como si no oyera y, por tanto, lo que oye no influye para nada en su vida.
También yo quiero, en esta ocasión, utilizar la frase de Jesús en relación con un tema de vital importancia para nuestras comunidades y, en ellas, para cada fiel cristiano: "Es Semana Santa: "el que tenga oídos, que oiga". Sí, queridos diocesanos, prestad atención porque la Semana Santa es el gran mensaje de Cristo Resucitado, el que vive, el que estuvo muerto pero ahora está vivo por los siglos de los siglos, y es fuente de salvación para cuantos creen en Él. Sí. Estad atentos porque la celebración anual de la Semana Santa es "por nosotros y por nuestra Salvación" y sería lamentable que teniendo tan a mano a Cristo, pasemos por la Semana Santa sin que la Semana Santa pase por nosotros. "El que tenga oídos, que oiga".
Por diversas causas (sociales, culturales, a veces políticas y hasta religiosas) existe el peligro real de reducir o centralizar la Semana Santa en torno a las procesiones. Aún reconociendo el valor religioso de las mismas, siempre que sean expresión de una fe viva, hay que afirmar que la Semana Santa es, ante todo, una celebración litúrgica, la más importante del Año Cristiano. "Celebración litúrgica", quiere decir, actualización sacramental de la Pascua del Señor (pasión, muerte y resurrección de Jesucristo); no simple memoria y representación plástica de aquellos hechos del pasado, sino realización actual y para nosotros de la acción salvadora de Cristo. Celebrar la Semana Santa quiere decir, participar en los sacramentos uniéndonos a Cristo de tal modo que "experimentemos en nosotros los frutos de su Redención". Celebrar la Semana Santa quiere decir que, por medio de los sacramentos, nosotros, "por Cristo, con Él y en Él", morimos al pecado y resucitamos a una vida nueva.
Celebrar la Semana Santa, en fin, es mirar a Jesucristo, no como un personaje del pasado y sin vida personal actual, sino como Aquél que constantemente nos habla y nos da vida. Él mismo nos dice: "Yo soy el pan de vida, el que me come vivirá por mí" (Jn. 6, 57); y por el contrario: "Si no coméis mi carne no tendréis vida en vosotros" (Jn. 6,53). No es posible una verdadera celebración de la Semana Santa sin participar dignamente, con un corazón puro (limpio de pecado), en la comunión del Cuerpo de Cristo. "El que tenga oídos, que oiga". También hoy, quizá más que nunca, hay que recordar a los católicos el mandamiento de la Iglesia de confesar y comulgar en las Fiestas de Pascua. Confesar, sí, porque todos somos pecadores y necesitamos reconciliarnos con Dios y ser liberados, por su perdón, de la esclavitud del pecado. Como dice el Salmo 31, "dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: "Confesaré al Señor mi culpa", y tú perdonaste mi culpa y mi pecado".


No tiene ningún sentido una Semana Santa sin comulgar, pero, atención, no podemos acercarnos a comulgar el Cuerpo de Cristo y tener el corazón lejos de Él. Es imposible honrar a Cristo, comulgando en la misa, si lo negamos llevando una vida contraria a sus mandamientos. San Pablo, como a los corintios de su época, nos recuerda: "quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" (1Cor. 11,27-29). No se puede comulgar a la ligera, hay que examinar si la propia vida (pensamientos, palabras y obras) está en "comunión" con Cristo y su mensaje. Comulgar en pecado es aparentar que creemos en Cristo y que estamos unidos a Él, cuando en realidad estamos tan lejos de Él como lo estuvo Judas en la Última Cena, aunque estaba sentado en la misma mesa. Comulgar a Cristo implica comulgar con Cristo. "El que tenga oídos para oír, que oiga".
Uno de los salmos que se cantan en Semana Santa, durante la procesión del Domingo de Ramos, dice: "¿Quién puede subir al monte del Señor, quién puede estar en el recinto sagrado?". Se refiere a quien podía ir al Templo de Jerusalén, situado en lo alto del monte, para encontrarse con Dios. Para nosotros sería como preguntar ¿Quién puede acercarse a comulgar el Cuerpo de Cristo y así celebrar plenamente la Semana Santa? El salmo 24 indica dos condiciones esenciales: "El hombre de manos inocentes y puro corazón". Dejando aparte el lenguaje sexista, pues "el hombre" aquí es "todo ser humano" (sea varón o mujer), "manos y corazón" es la manera de decir toda clase de acciones, pensamientos y deseos. Para acercarse a recibir al Señor, para comulgar con Cristo, es necesario tener "manos inocentes y corazón puro". Si alguno tiene oído, oiga.
Comentando este salmo, decía el Papa Benedicto XVI, al comienzo de la Semana Santa de 2007: "Manos inocentes son manos que no se usan para actos de violencia. Son manos que no se ensucian con la corrupción, con sobornos. Corazón puro: ¿cuándo el corazón es puro? Es puro un corazón que no finge y no se mancha con la mentira y la hipocresía; un corazón transparente como el agua de un manantial, porque no tiene dobleces. Es puro un corazón que no se extravía en la embriaguez del placer; un corazón cuyo amor es verdadero y no solamente pasión de un momento".
Tener "un corazón puro" es lo que nos permite acercarnos de verdad al Señor: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt. 5, 8), afirma Jesús en la bienaventuranzas. Pero, además, tener "un corazón puro" es una necesidad personal para poder hacer el bien y ser felices. Una de las veces que Jesús emplea en su predicación la expresión "el que tenga oídos, que oiga", es precisamente para referirse a la limpieza del corazón: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga» (Mc. 7,14-16). Y ante la pregunta de los discípulos, que no entendieron el significado, les dijo: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre» (Mt. 7, 20-23).
Ante la imposibilidad del ser humano de procurarse a sí mismo "un corazón puro", Dios, por medio de los profetas, prometió ocuparse personalmente del asunto: "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez. 36, 25-26). Para cumplir esta promesa envió Dios a su Hijo al mundo. Para que podamos tener "un corazón puro", murió y resucitó Cristo.
Celebrar la Semana Santa es querer un corazón nuevo. Es suplicar "Oh Dios, crea en mí un corazón puro" y aferrarse a Cristo para que, con el poder de su resurrección, "nos renueve por dentro" y nos haga renacer a una vida nueva. "Es Semana Santa. El que tenga oídos para oír, que oiga".



† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

La Semana Santa en Los Llanos de Aridane

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 19 de marzo de 2010 0 comentarios



Un año más se acerca la celebración de los misterios de la muerte y resurrección de Cristo, la festividad más importante del año para los cristianos. En la isla de La Palma esta celebración cuenta con cultos y procesiones en todos los pueblos de la isla, en cada lugar de manera diferente y especial. Los Llanos de Aridane conserva en su Semana Santa una rica imagineria con piezas de gran belleza y valor.

La Parroquia Matriz de Nuestra Señora de los Remedios concentra en su recinto la totalidad de los pasos procesionales, a excepción de la imagen del Cristo de Argual que se encuentra en la Parroquia de San Pedro Apóstol. Los desfiles procesionales en Los Llanos de Aridane dan comienzo el Viernes de Dolores. En este día realiza su salida, por las calles de la ciudad, el paso de Nuestra Señora de Los Dolores, imagen de candelero de autor anónimo, fechada en el siglo XVIII. Es una imagen de gran belleza y expresividad. Viste túnica y manto de terciopelo morado adornado, en su parte trasera, con una M y motivos florales. Este paso lo volveremos a ver en las calles de los Llanos en las procesiones del Martes, Miércoles y Viernes Santo. La imagen es acompañada por su cofradía femenina, ataviadas con la clásica peineta y mantilla española. Solemniza la procesión la Banda Municipal de Música de la ciudad y la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de Los Remedios. La Imagen no va sobre los hombros de cargadores, como es tradicional en las localidades de la isla, sino que va sobre una carroza que es trasportada a ruedas al igual que el resto de los pasos de esta Semana Santa. Esta procesión se viene realizando desde el año 2002, anteriormente la imagen también procesionaba por las calles el Viernes de Dolores realizando las estaciones del Vía Crucis.El Domingo de Ramos conmemoramos la Entrada Triunfal de Cristo en Jerusalén y el principio de su Pasión. En los Llanos esta conmemoración se lleva a cabo por la mañana en la Plaza de la Fuente donde se realiza la bendición y el reparto de las palmas y olivos. Una vez realizada la bendición tiene lugar la Procesión de la Entrada de Jesús en Jerusalén, conocida popularmente como el Señor de la Burrita. Esta imagen fue adquirida en el año 1955 en los talleres de Olot y por tanto es una imagen seriada y de escaso valor artístico. Acompaña al paso su cofradía titular, con más de 60 años de historia, integrada por niños y niñas de entre 5 y 11 años ataviados al estilo hebreo portando palmas blancas traídas de Elche. Actualmente esta cofradía esta compuesta por más de 70 niños y niñas. Desde el año 2002 la procesión desfila por la mañana, anteriormente se realizaba únicamente con los ramos, la cofradía y la feligresía, mientras que la imagen del Señor de la Burrita salía por la tarde al terminar la misa.El Lunes Santo es el día elegido para la Procesión del Señor del Huerto. La bellísima y expresiva imagen de cristo fue tallada por el escultor palmero Marcelo Gómez Carmona en el siglo XVIII. Esta imagen proviene de la Parroquia de San Francisco de Asís de Santa Cruz de la Palma en donde recibió culto hasta su sustitución por la que realizo el también escultor palmero Nicolás de las Casas Lorenzo en el siglo XIX, venerada en la actualidad en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Villa de Breña Alta. Se trata de una preciosa imagen de candelero que aparece arrodillado y en actitud de oración. En su expresivo rostro se aprecia la agonía de Cristo en el Huerto de Getsemaní. La imagen va vestida con una túnica de terciopelo rojo bordado con hilos de oro. Acompaña a la imagen del Señor el Ángel Confortador, que lleva una túnica blanca bordada con hilos dorados y porta en una de sus manos el cáliz, símbolo de la pasión. Completan el paso los tradicionales olivos y el gallo. Acompañan a la imagen la Hermandad del Santísimo Sacramento. El Señor del Huerto es una de las imágenes más sobresalientes con las que cuenta la Semana Santa Aridanense.El Martes Santo en Los Llanos de Aridane está dedicado al Cristo Atado a la Columna. La imagen del Señor de la Columna es obra del polifacético escultor palmero Aurelio Carmona López en el siglo XIX. Esta talla fue encargada a instancia del mayordomo de fábrica de la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios Don Pablo Lorenzo Kábana. De ella se ha dicho que el artista logro representar de manera exquisita y expresiva a Cristo en su escorso y rostro como varón de Dolores. Se trata de una imagen muy querida en Los Llanos y la más antigua que existe en La Palma de esta representación. Solo puede ser vista y venerada en los días de la Semana Santa, ya que durante el resto del año permanece guardada en los locales del Museo Parroquial. Algo lamentable, que una imagen de tan gran valor devocional y artístico se encuentre en esas condiciones. Acompaña al paso del Señor el paso de Nuestra Señora de los Dolores, que ha procesionado ya en la noche del Viernes de Dolores. Las cofradías del Santísimo Sacramento, que va escoltando la carroza del señor, y la de Nuestra Señora de los Dolores que acompaña, como es evidente, a su paso titular completan el cortejo.El Miércoles Santo tiene lugar uno de los actos más emotivos de la Semana Mayor Aridanense, La Procesión del Santo Encuentro. En ella intervienen un buen número de pasos, hasta cinco, que conforman esta emotiva procesión.La imagen del Nazareno, de 140 cm, fue realizada por el escultor palmero Bernardo Manuel de Silva en el año 1710 y responde a la tipología de la escuela barroca andaluza del siglo anterior. Como pieza procesional, se han intensificado en ella los efectos realistas y expresivos mediante la utilización de peluca postiza y vestidos de telas naturales. El patetismo se consigue con los recursos habituales de la imagineria barroca entrecejo marcado y boca entreabierta, exhalando un quejido. Las manos están esculpidas con especial realismo, reflejando la tensión de los vasos sanguíneos y tendones. Como escultura de vestir, solo tiene bien acabadas las partes visibles. Viste el Nazareno una preciosa túnica de terciopelo morado bordado en hilos de oro realizado en la ciudad de Valencia en el año 1920. Hoy este valiosísimo traje se conserva en el Museo de Arte Sacro de la Parroquial de los Remedios. Procesiona la imagen del Nazareno sobre unas preciosas andas de plata, las cuales se deben a la generosidad del capitán de milicias don Antonio Lorenzo Felipe, “…quien se esmero en el culto de esta Santa Ymagen, cubriendo de plata al martillo la baze en que sale el día de la Exaltación”. La imagen de San Juan Evangelista es de serie, realizada a mediados del pasado siglo XX. Viste túnica de terciopelo negro y manto de color rojo. Como curiosidad, está imagen no va sobre una carroza, como la mayoría de las imágenes que desfilan en la Semana Santa, sino que su trono es portado a hombros de los cofrades. La imagen de Santa María Magdalena, de tamaño natural, fue realizada a mediados del pasado siglo XX. Aparece con los atributos propios de su advocación, la cruz en la mano derecha y la carabela en la izquierda. Esta imagen lleva peluca natural, pegada sobre el pelo tallado propio de esta imagen, y pestañas postizas. Viste túnica de terciopelo azul marino. Su trono al igual que el de San Juan Evangelista es portado a hombros. La imagen de la Verónica, de candelero y de autor anónimo, fue realizada seguramente en talleres peninsulares a mediados del pasado siglo XX. Viste túnica de color morado y como distintivo lleva en sus manos un lienzo de terciopelo con la pintura del rostro de Cristo, tal como cuenta la tradición.Cierra el cortejo procesional la Imagen de Nuestra Señora de Los Dolores. Acompañan la procesión las cofradías de El Nazareno, fundada en el año 1710 aunque la licencia para la erección de esta hermandad fue concedida desde 1708 por el obispo Don Juan Ruiz Simón, y la de Nuestra Señora de los Dolores.La Procesión del Santo Encuentro tiene lugar por la tarde después de la solemne misa en la Parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios. Durante la procesión se produce el encuentro en La Alameda, frente al callejón del Rosario. Es el momento en el que todo el pueblo llanense, que acude en gran número, hace una profunda meditación sobre el momento en que la Madre Dolorosa encuentra a su Divino Hijo agobiado bajo el peso de la cruz. En ese instante se canta, por parte de la Coral Marino Sicilia, el motete “O vos Omnes”. A continuación tiene lugar la Predicación, desde el año 2002 se viene realizando desde el balcón del Ayuntamiento, con anterioridad tenía lugar en la Plaza de España. Una vez concluida esta los pasos procesionales continúan su recorrido hasta retornar a la Parroquia de los Remedios.Llegamos al Jueves Santo, primer día del Triduo Pascual, cuando celebramos la Ultima Cena del Señor. Ya bien entrada la noche, a eso de las nueve y media, tiene lugar la Procesión del Santo Cristo de Argual que parte desde la Parroquia de San Pedro Apóstol, en el llano de Argual, y culmina en la Parroquia de los Remedios a eso de las doce de la noche. La Imagen del Santo Cristo es una talla a tamaño natural, realizada en los talleres de la fabrica Arte Cristiano en el municipio de Olot, Provincia de Gerona, en el pasado siglo XX y representa a Cristo en el momento de su expiración. Este Crucificado, de gran devoción en el barrio, es trasportado en una gran carroza adornada de orquídeas por las calles de Argual para luego subir por la carretera general hasta el mercado municipal, accediendo por las principales calles de la ciudad al templo de los Remedios en donde permanece hasta el día siguiente en que después de formar parte de la Procesión Magna retornara nuevamente al templo de San Pedro. Acompaña al paso la Cofradía de Capuchinos del Santo Cristo de Argual, formada solamente por varones. En el mes de Septiembre más concretamente el día 14, Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, la imagen del Cristo vuelve nuevamente a salir en procesión, esta vez por el núcleo de Argual, realizando un Vía Crucis con la peculiaridad de que no utiliza la carroza sino que es portado a mano por los miembros de su cofradía, algo que no se realiza en la Semana Santa.El viernes Santo Conmemoramos la Muerte del Señor. A las 7 de la mañana las puertas del templo de Los Remedios se abren de par en par para dar paso a la procesión mas esperada de Los Llanos de Aridane, el Santísimo Cristo de la Salud sale en procesión por el casco antiguo para realizar las estaciones del Vía Crucis. La Imagen del Santo Cristo había dejado de salir procesionalmente en la Semana Santa durante aproximadamente unos veinte años, lo hizo la última vez en 1969, con muy buen criterio del Rvdo. Don Marino Sicilia González, anterior párroco de Los Remedios, el cual viendo el mal estado de conservación en que se encontraba la talla desestimo que tan preciada imagen participara en la Semana Santa. Anteriormente el Cristo de la Salud salía en procesión el Jueves Santo después de los oficios y el Viernes Santo en la Procesión Magna del Santo Entierro. Esta procesión se recupero en el año 2003 tras la restauración que sufrió la imagen a cargo del prestigioso restaurador Pablo Amador Marrero. La imagen del Santísimo Cristo de la Salud es una talla a tamaño natural, con la cabeza y extremidades talladas en madera, y con un peso de 6 kilos realizada con la médula de la caña de maíz, técnica conocida con el nombre de “titsingueri”, por los indios tarascos del estado de Michoacán en México a principios del siglo XVI, siendo la más antigua efigie que se conserva en Canarias de los llamados cristos de pasta o caña. Este Cristo se veneraba desde 1603 en la antigua Iglesia del Hospital de Dolores, hoy Teatro Chico, en Santa Cruz de la Palma y fue donado en 1862 a Los Llanos para formar parte de una capilla en el Calvario, que se iba a restaurar. Al no cumplirse este hecho, paso en depósito en 1910 a Los Remedios donde se inventario por primera vez en 1946. Acompaña al paso la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud. A la llegada al templo se reza Laúdes.Ya por la tarde, después de la Acción Litúrgica de la Muerte del Señor, tiene lugar la Procesión Magna del Santo Entierro, en la que participan todos los pasos procesionales que han salido en los días anteriores acompañados de sus respectivas cofradías. Solo un paso más se añade a los que ya conocemos, el paso del Cristo Yacente. Es este una talla de madera policromada del siglo XVI y de autor desconocido, usada en la ceremonia del Descendimiento. La imagen del Cristo procesiona en el interior de una bella urna de madera sobredorada portada a hombros por los miembros de la cofradía del Santo Sepulcro, titular del paso. Cierra el cortejo La Dolorosa vestida en esta ocasión con un precioso manto de terciopelo negro bordado en oro. A la llegada al templo se cantan diversos motetes religiosos a cargo de la Coral Marino Sicilia y el Coro Parroquial de Los Remedios. Acto seguido se procede a la ceremonia del Entierro del Señor, con lo que se pone fin al acto. Pasado unos minutos tiene lugar la Procesión de Retorno del Santo Cristo de Argual hasta la Parroquia de San Pedro donde a su llegada es expuesto en solemne besapies a sus cofrades y devotos.Excepcionalmente en la Semana Santa de los años 1980 a 1985, participo en la procesión Magna la imagen de La Virgen de las Angustias por encontrarse su santuario en restauración.El Domingo de Resurrección, marca el final de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En este día la procesión tiene lugar por la mañana. A eso del mediodía, el Santísimo Sacramento recorre bajo palio las calles aridanenses de General Franco, antigua calle real, el callejón Aridane, Francisco Fernández Taño y plaza de España, para regresar a la Parroquia de los Remedios. A la altura del nº 17 de la calle Real, desde tiempos que se pierden en la memoria, se prepara un altar donde descansa el Santísimo, se interpreta el Himno Nacional, se canta a capella el Tantum Ergo y la fragancia del incienso envuelve el lugar conjuntamente al repiqueteo cantarín de la campana del monaguillo. En el estrecho callejón Aridane, por ser la única procesión que pasa por este lugar, los vecinos se esmeran en barrer cada palmo del trayecto, preparan alfombras y arrojan flores deshojadas al paso del Santísimo. El olor a incienso se mezcla con el de las flores y el ritmo ahora de gloria de la banda de música. Los pasos del sacerdote van llevando solemnemente, en una bella custodia de plata sobredorada, a Jesús Sacramentado de vuelta a la Parroquia de Los Remedios, mientras las campanas de la torre de la iglesia repican sin cesar Aleluya, Aleluya, Aleluya…





Las catástrofes naturales, la violencia, la injusticia y una larga lista de males parecen ocultar la bondad de Dios en el mundo
Mercedes Malavé

Los terremotos, el paro forzoso, la violencia del terrorismo, las familias desunidas... son signos que nos ponen en ocasión de preguntarnos: ¿Es Dios realmente bueno? El Papa conoce muy bien las inquietudes y los deseos del corazón de los hombres que somos, de algún modo, sus hijos. Por eso, últimamente nos está dando claves para reconocer la bondad de Dios aún en medio de las catástrofes.
Reflexionemos sobre una de ellas, la omnipotencia de Dios reflejada en la persona de Jesucristo: "Lamentablemente, también hoy muchos viven alejados de Cristo, no conocen su rostro y, así, la eterna tentación del dualismo se renueva siempre, es decir, que quizá no existe sólo un principio bueno, sino también un principio malo, un principio del mal; que el mundo está dividido y son dos realidades igualmente fuertes: el Dios bueno es sólo una parte de la realidad. ¡Un Dios no omnipotente! ¡El mal no está en sus manos! ¿Cómo podríamos encomendarnos a este Dios? ¿Cómo podríamos estar seguros de su amor si este amor acaba donde comienza el poder del mal? Pero Dios ya no es desconocido: en el rostro de Cristo crucificado vemos a Dios y vemos la verdadera omnipotencia, no el mito de la omnipotencia. Para nosotros, los hombres, la potencia, el poder siempre se identifica con la capacidad de destruir, de hacer el mal. Pero el verdadero concepto de omnipotencia que se manifiesta en Cristo es precisamente lo contrario: en él la verdadera omnipotencia es amar hasta tal punto que Dios puede sufrir: aquí se muestra su verdadera omnipotencia, que puede llegar hasta el punto de un amor que sufre por nosotros. Y así vemos que él es el verdadero Dios y el verdadero Dios, que es amor, es poder: el poder del amor. Y nosotros podemos encomendarnos a su amor omnipotente y vivir en él, con este amor omnipotente" (Encuentro con el clero de la Diócesis de Roma: "Lectio divina". Roma, 18-2-2010).



No existen dos principios: el bien y el mal. Dios es el único bien y es omnipotente. La clave para conocer la mano bondadosa de Dios detrás de los acontecimientos tristes, es buscar activamente la unión con Jesucristo, que se hizo hombre para padecer con nosotros y redimir el sufrimiento: "Tenemos que aprender que la omnipotencia de Dios no es un poder arbitrario, pues Dios es el Bien, es la Verdad, y por este motivo Dios lo puede todo, pero no puede actuar contra el bien, no puede actuar contra la verdad, no puede actuar contra el amor y contra la libertad, porque Él mismo es el bien, es el amor, y la verdadera libertad. Por eso, todo lo que hace no puede estar nunca en contraposición con la verdad, con el amor y la libertad. La verdad es lo contrario. Dios es el custodio de nuestra libertad, del amor, de la verdad. Este ojo que nos ve no es un ojo malo que nos vigila, sino que es la presencia de un amor que no nos abandona nunca y nos da la certeza de que el bien es ser, el bien es vivir: es el ojo del amor que nos da el aire para vivir" (Homilía en la Catedral de Aosta. Italia, 24-7-2009).






Según informa The National Catholic Reporter, más de 100 parroquias anglicanas de Estados Unidos se unirán proximamente a la Iglesia católica, de acuerdo con los términos establecidos por la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, promulgada por Benedicto XVI el pasado 20 de noviembre.Así lo decidió en una votación el pasado 3 de marzo, la House of Bishops of the Anglican Church of America, que forma parte de la Comunión Anglicana Tradicional (TAC) tras escindirse, en 1991, de la Comunión Anglicana sometida a la autoridad del Arzobispo de Canterbury. La TAC congrega a unos 400.000 fieles a lo largo y ancho del planeta.Para integrar a esta manada de fieles, se creará, tal y como contempla la Constitución Apostólica, un ‘ordinariato personal’. Esta fórmula les permite combinar su pertenencia a la Iglesia católica con la conservación de sus tradiciones litúrgicas, incluyendo a los sacerdotes casados.La publicación católica nortemearicana añade que se trata del tercer grupo anglicano que da semejante paso. Antes lo hicieron la rama inglesa de la TAC -con veinte parroquias en sus bagajes- y la sección australiana de la asociación anglo católica Forward in Faith.Según la publicación católica norteamericana, la rama inglesa de Forward in Faith está considerando dar el mismo paso, aunque “la decisión final no se hará pública antes de julio”.

MARÍA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA (Carta de Monseñor Bernardo Alvarez)

Publicado por Parroquia de Los Remedios martes, 16 de marzo de 2010 0 comentarios



A los hombres y mujeres de la isla de La Palma, donde quiera que se encuentren:
Que la gracia, la paz y el amor de Dios Padre, manifestado en Jesucristo su Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, sea con ustedes.
Fiel a su cita quinquenal, desde el año 1680, los días 17-18 de julio celebramos en Santa Cruz de La Palma la 67ª Bajada de la Virgen de las Nieves, desde su Santuario al pie del monte hasta la parroquia Matriz de El Salvador. Las citadas fechas, son los dos días centrales y culminantes de las "Fiestas de la Bajada" en honor de la Virgen María, que se inician el 3 de julio y concluyen el 5 de agosto, fecha en la que la venerada imagen, retornará, de nuevo, a su histórico y centenario Santuario, construido a partir de una primitiva ermita erigida ya a comienzos del siglo XVI (ca. 1517).
1. Sentido de la Fiesta de la Bajada de la Virgen de las Nieves
El origen y motivo de esta centenaria Fiesta está en la fe y gratitud de los palmeros a la Virgen de las Nieves. Desde los primeros tiempos de nuestra historia, siempre hemos acudido a Ella con gran fervor para suplicarle en los momentos de dificultad y para darle gracias por los beneficios recibidos. Como es sabido, esta devoción fue conocida y muy valorada por el Obispo Bartolomé García Ximénez, hasta el punto que, en 1676, determinó que en adelante, cada cinco años, se hiciera fiesta en honor a la Virgen de la Nieves "bajando" la venerada imagen en procesión desde el monte hasta la capital de la Isla.
A lo largo de 330 años, de generación en generación, los palmeros hemos mantenido viva la celebración de "La Bajada". Una fiesta en la que procuramos poner a los pies de la Virgen lo mejor de nosotros mismos y, gracias a eso, con el paso del tiempo, la hemos enriquecido con singulares actos de gran arraigo y popularidad, todos ellos siempre con referencia y en honor a la Virgen María. "La Procesión", "Los Enanos", "El Carro", "El Minué", "La Romería" y tantos otros actos (culturales, deportivos y lúdicos) no son sino adornos que le ponemos a la Virgen para decirle: "Bendita tú, entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús".
Las celebraciones y las fiestas son parte irrenunciable de la vida humana. Necesitamos celebraciones, fiestas, cultos, rituales… para expresarnos y desarrollarnos plenamente. Lo que no se expresa, ni se comunica, ni se celebra… o no existe en la realidad o termina muriéndose. Sin fiesta no se puede vivir. Cuando faltan las celebraciones, la vida pierde sabor y sentido, conciencia y lucidez. Pero, también, particularmente en el campo de la experiencia religiosa, si cuando hacemos una fiesta faltan la vivencia y las convicciones que tienen que ver con esa fiesta, la celebración puede convertirse en un ritual artificial y vacío de contenido, una apariencia hipócrita, incapaz de darnos la alegría que necesitamos y buscamos. Como nos enseña Jesús en el Evangelio, las cosas hay que hacerlas "en espíritu y en verdad".
Cuando quienes hacemos una fiesta somos creyentes, y mucho más si es una "fiesta en honor de la Virgen", el componente religioso está en la raíz misma de la fiesta y constituye su razón fundamental. Para quienes hemos conocido y creído en Dios, tener fe implica reconocer y agradecer que todo lo que somos y tenemos, todo lo que podemos y sabemos, lo hemos recibido de Dios por los medios y las personas que Él haya querido poner en nuestro camino. Para un verdadero creyente, la vida y la fe caminan juntas. Cuando hacemos una fiesta, incluimos en ella las celebraciones religiosas para poner de manifiesto nuestro reconocimiento de que "en Dios somos, nos movemos y existimos" y de que Él es "origen, guía y meta del universo". En último término, todo lo hacemos para la "gloria de su Nombre". En buena lógica, para el creyente, también los actos festivos, no específicamente religiosos, si no van contra la ley de Dios, son actos de culto, de aquel culto espiritual y razonable del que nos habla san Pablo cuando dice "glorificad a Dios con vuestra vida". Todos los valores de la fiesta: lo artístico, la convivencia, el folklore, el baile, el deporte… son agradables a Dios. Como dice San Pablo: "Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" (1Cor 10,31), y a Dios se le da gloria cuando se somete todo a su voluntad.
Para la Bajada de este año 2010 hemos elegido el lema: "María, causa de nuestra alegría". Toda fiesta es siempre una expresión de alegría. Hacemos fiesta porque estamos alegres, porque tenemos algo bueno que celebrar. En sí misma, la Bajada de la Virgen, se ha convertido para los palmeros en un acontecimiento en el que revivimos la historia y la vida de nuestro pueblo, una historia y una vida llena de fe y tradición cristiana, llena de costumbres y valores culturales, llena de trabajo y esperanza en el futuro, llena de amor a lo nuestro y de apertura al mundo. Una historia de la que nos sentimos muy orgullosos y en la que siempre ha estado presente la Virgen de Las Nieves, y de la que ella misma ha sido protagonista con su amparo y protección. Sí, la Virgen María, en su advocación de Las Nieves, ha puesto su mano en nuestra historia y ha contribuido a configurar nuestra identidad, ella ha sido y es bendición para todos los palmeros pues, por su medio, "el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres" (Salmo 125). La Fiesta de "La Bajada" es en honor de la Virgen María; ella es la causa de nuestra fiesta y de nuestra alegría.
El lema "María, causa de nuestra alegría", me da pie para ofrecerles algunas reflexiones sobre la importancia y necesidad de la alegría en nuestra vida, así como del papel de María "para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría".
2.- La alegría, valor humano fundamental.
La felicidad es una necesidad fundamental del ser humano. El anhelo de ser feliz está arraigado en lo más profundo de nuestro corazón. De hecho, la alegría es un elemento constitutivo de nuestra condición humana: existimos para ser felices. Dios, al crearnos, ha puesto en nosotros la capacidad de buscar y sentir la felicidad. "La persona humana está creada para la alegría, no se puede vivir largo tiempo sin alegría" (Aristóteles). La misma experiencia cotidiana así nos lo demuestra pues, en todo lo que hacemos, en último término sólo buscamos sentirnos bien y ser felices.
Entre los elementos que configuran "una vida feliz", la alegría ocupa un lugar preeminente. Ésta es uno de los sentimientos fundamentales del alma humana y la experimentamos cuando encontramos satisfacción ante la posesión de un bien conocido y amado. También produce alegría la esperanza cierta de conseguir ese bien, aunque todavía no lo hayamos obtenido. Cuando San Pablo nos dice: "que la esperanza os tenga alegres", está indicando que la esperanza es una fuente de alegría que dinamiza la vida y nos pone en tensión hacia la búsqueda del bien. La alegría es un estado de ánimo que supone gozo interior, regocijo, satisfacción, dicha, contento y júbilo.
La alegría es un bien del que todos debemos disfrutar constantemente, debe ser una cualidad permanente de nuestra vida. "Estad siempre alegres" nos dice San Pablo, y en el libro del Eclesiástico leemos: "No te dejes llevar por la tristeza, ni dejes que tus pensamientos te atormenten. Un corazón alegre es la vida del hombre, y la alegría le alarga la vida. Sosiega tu espíritu, y consuela tu corazón; aleja de ti la tristeza, porque la tristeza ha perdido a muchos, y ningún provecho se saca de ella. La envidia y la ira abrevian los días, y las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo. El corazón radiante tiene buen apetito: le aprovecha todo lo que come" (Eclesiástico 30, 21-25).
Todos apreciamos la alegría como un bien necesario y valoramos positivamente a las personas alegres. "La alegría de vivir es el más grande poder cósmico", decía Theilhard de Chardin. Y el propio Beethoven, en el cuarto movimiento de su Novena Sinfonía, proclama los excelentes frutos que produce la alegría: "¡Alegría!,… Tu hechizo vuelve a unir lo que el mundo había separado, todos los hombres se vuelven hermanos allí donde se posa tu ala suave".
Sin embargo, experimentar la alegría constituye un desafío para las personas en la sociedad moderna. Tenemos la experiencia de que la alegría es escurridiza como un pez vivo en nuestras manos. Por un momento lo tenemos, y de pronto, se nos escurre y se nos va. Vivimos en un mundo lacerado por profundas divisiones y rupturas, donde la abundancia de rostros sombríos, son un elocuente testimonio de la profunda desesperanza y tristeza por la cual atraviesan muchos hombres y mujeres de hoy. A pesar de todas las posibilidades de "bien-estar" que nos ofrece la sociedad, ya no es tan fácil encontrar la alegría. De hecho se ha vuelto, más bien, excepcional. Este es un indicativo del déficit de calidad humana en que se encuentran las personas y la sociedad actual. La falta de alegría es señal de "enfermedad", de que algo no va bien en la vida de la persona.
El Papa Pablo VI, en un magnífico documento dedicado a la alegría, "Gaudete in Domino" (Alegraos en el Señor), hacía notar que "La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tienen otro origen. Es espiritual. El dinero, el confort, la higiene, la seguridad material no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza forman parte, por desgracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación que ni la aparente despreocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificiales logran evitar".
Todos queremos ser felices, pero, lamentablemente, son muchos los que, equivocadamente, buscan la felicidad en las múltiples ofertas de la cultura de la muerte: El consumismo, la búsqueda desordenada del placer por el placer, el tener buena imagen a base de lujos y riquezas, el hacer lo que me apetece a toda costa, la ambición del poder, el hedonismo... son tan sólo algunos signos de lo que la sociedad nos ofrece como sucedáneos a nuestra necesidad de alegría. Si embargo, "la alegría tiene origen espiritual". La inutilidad de estas propuestas es proporcional al vacío y frustración que dejan en el hombre. La alegría puramente mundana es superficial, transitoria, vacía e incapaz de colmar de verdadero gozo el corazón humano. Y no puede ser de otra manera, pues la falsa alegría que ofrece la cultura actual está fundada en aspiraciones de poder, de tener y de placer, las cuales alienan al ser humano de lo más profundo de sí mismo y del recto sentido de su vida y, por lo tanto, de su plena realización personal. Como decía el gran literato alemán Goethe: "Lo que convierte la vida en alegría no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo que debemos hacer".
"Estar siempre alegres" no es algo que surge por casualidad, ni es un puro sentimiento sensible, ni puede estar supeditado a "eventos placenteros" que vendrán o no. "Estar siempre alegres" supone una tarea, un ponerse manos a la obra para buscar, elegir y realizar aquello que realmente produce alegría. No se trata del entusiasmo pasajero, sino del gozo íntimo y profundo que, más allá de las circunstancias, nos acompaña en nuestro camino y nos permite estar siempre alegres, incluso en la tribulación. La alegría no se impone desde fuera sino que brota de dentro, cuando el alma está abierta a Dios, cuando se lucha por algo que valga la pena. En este sentido, la Virgen María aparece ante nosotros no sólo como modelo de persona que supo vivir siempre alegre, dichosa y feliz, sino también como aquella que es "causa de alegría" para los demás. ¿Cómo pudo conseguirlo?
3. María, causa de nuestra alegría, porque de Ella nació nuestro Salvador Jesucristo
Para la fe cristiana, Jesucristo no sólo es el objeto supremo de toda verdadera alegría, sino que sobre todo es Él mismo "la causa y el origen" de la plena alegría de los hombres. Por eso, San Pablo no dice simplemente "estad siempre alegres", sino "estad siempre alegres en el Señor". Cristo es la alegría del mundo y, consecuentemente, la alegría cristiana nace de la opción fundamental por el Señor Jesús, es fruto de una experiencia de fe en Él y de comunión con Aquel que es "el Camino que nos conduce al Padre, la Verdad que nos hace libres y la Vida que nos colma de alegría (Cf. Jn 14,6 y Plegaria Eucarística 5/b). Por nuestra fe y comunión con Él, Jesucristo nos comunica su alegría, pero para recibirla de verdad es necesario guardar sus mandamientos: "Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como Yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os digo esto para que mi alegría esté en vosotros y para que vuestra alegría sea perfecta" (Jn 15, 10-11).
Entre las últimas palabras de Jesús están: "Os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os quitará vuestra alegría… Hasta ahora no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, y tendréis una alegría que será perfecta." (Jn 16,22.24). Palabras que el Señor cumplió, no sólo cuando se les apareció después de la resurrección, sino —sobre todo— cuando les envió el Espíritu Santo que con su acción eficaz, entre otros, produjo en ellos los frutos del amor y la alegría. Jesucristo es, por tanto, la fuente y la causa de la alegría para el mundo entero. Él es el cumplimiento de la profecía de Isaías, que leemos en la misa de la Noche de Navidad: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Is 9,1-2.5).
"Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen". Así proclamamos en el credo nuestra fe en el papel de María en relación con Aquel que vino al mundo para "acrecer la alegría y aumentar el gozo". Ella con su "sí" obediente a la voluntad de Dios concibió en su seno y dio a luz al Hijo de Dios, cuyo nacimiento fue anunciado por los ángeles como "una gran alegría, que lo será para todo el pueblo" (Lc 2,10). De este modo, el "sí" de María es motivo de alegría para cuantos estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte, pues a través de ella vino al mundo el Señor de la vida. Con toda razón los creyentes exultan de gozo y la invocan: "María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros". Ella, con toda justicia, merece este título. Ante todo, porque nos ha traído la auténtica alegría: la alegría de la salvación en la persona de su Hijo. Con el antiguo himno Akathistos, de los cristianos de Oriente, le decimos: "Salve, María, por ti resplandece la dicha. Salve, por ti se eclipsa la pena. Salve, por ti, con los cielos, se alegra la tierra" (Estrofas 1 y 7).
Como resulta evidente, esta cualidad de la Virgen María no se debe a ella misma, sino a su participación en el misterio de Cristo. Ya decíamos antes que "la fuente originaria y la causa de la alegría es Jesucristo". Si decimos "María, causa de nuestra alegría" es porque en ella se refleja, como la luz del Sol sobre la Luna, la alegría de Cristo para todos los hombres. María es la causa de nuestra alegría, de la alegría de todos y cada uno de los mortales, desde el momento en que respondió al arcángel Gabriel que aceptaba ser la Madre del Hijo de Dios. A partir de aquel momento histórico y de un modo creciente, con los misterios de la Vida, Muerte y Resurrección de su Hijo, en el mundo comenzó a iniciarse y percibirse plenamente la alegría que el mundo necesita. "Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros", le decimos cada día al orar con el Santo Rosario en las Letanías.
Pero, la Virgen María es "causa de nuestra alegría" no sólo por habernos dado a Jesucristo sino, también, por el testimonio de alegría de su propia vida y porque con su acción permanente contribuye eficazmente a nuestra felicidad. Lo que María fue en su vida histórica para su Hijo y para las gentes de su tiempo, lo sigue siendo hoy para todos nosotros, pues "una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz" (Concilio Vaticano II, LG 62).
4. "María, causa de nuestra alegría", por lo que es y por lo que hace.
"La alegría es como el sol: ilumina a quien la posee y reanima a cuantos reciben sus rayos" (San Pablo de la Cruz). Si María es causa de nuestra alegría es porque ella misma la tiene en abundancia y nos la comunica. Nadie puede dar lo que no tiene. En su vida histórica, la Virgen María rebosaba alegría y la contagiaba por doquier. ¿De dónde le brotaba a María tan exuberante felicidad? ¿Qué producía en Ella semejante manantial de dicha? "¿Cuál es la fuente misteriosa, oculta, de tal alegría?", se preguntaba Juan Pablo II en Lourdes (31-5-1979). La respuesta no podía ser otra: "Es Jesús, el Hijo de Dios, al que Ella ha concebido por obra del Espíritu Santo". Uno sólo es el origen, una sola la fuente: el amor y la fidelidad a Dios. María se sabía de Dios y Él copaba su ser entero, impregnándolo de gozo hasta los tuétanos. María fue alegre y feliz porque tenía en cuenta a Dios en su vida y lo amaba en el cumplimiento fiel de su voluntad sobre Ella. Estaba llena de gracia, llena de Dios y, por tanto, llena de la más auténtica y genuina alegría. María está llena de Dios y, por eso, rebosa alegría como un torrente que sale de su interior, sin que lo pueda evitar. Ella contagia a su alrededor esa alegría especial que tienen las personas que están cerca de Dios.
Así se explica lo ocurrido en la visita de María a su prima: "Sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de alegría el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de alegría el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,41-45). Todo esto tiene una explicación: Quien vive en Dios comunica alegría. El corazón de Isabel se llena de alegría y el niño salta de gozo en su seno por el saludo alegre de María, a quien hacía pocos días el ángel Gabriel la saludaba contagiándole el gozo de Dios: "Entrando en su presencia le dijo: "Alégrate, llena de Gracia", el Señor está contigo" (Lc 1,28). La alegría de María, la que le comunica Isabel en su saludo y la que Ella canta en el Magnificat, tiene un origen, tiene una fuente: es Dios.
Ante las alabanzas de su prima Isabel, María responde con una oración de acción de gracias y de engrandecimiento de Dios, que todos conocemos como "El Magnificat": "Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador…". María está contenta con Dios: Él ha puesto en su corazón más alegría que si abundara en cosas materiales (cf. Sal 4,8) y los designios de Dios sobre Ella son la alegría de su corazón (Sal 118,111). Su alegría es como la que canta el profeta Isaías: "Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo" (Is 61,10).
Con el Magnificat, María expresa la alegría de la gratitud por la elección de Dios y la alegría de quien sabe con plena certeza que Dios es su Salvador y que el Omnipotente, fijándose en su humildad, ha puesto en Ella su amorosa mirada y ha realizado cosas grandes en su favor. Es la alegría de la mujer elegida de Dios que pregona la misericordia del Señor para todos los hombres y mujeres, de todos los tiempos y de todos los confines de la tierra. En María se realiza plenamente lo que San Pablo pide a todos los cristianos: "Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito, estad alegres" (Fil 4,4). La alegría es el estado permanente del corazón de María: "Alégrate María, el Señor está contigo", le dijo el ángel Gabriel, y desde entonces será como el rasgo distintivo del corazón de la Virgen María. Como Ella misma dijo: "Desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz" (Lc 1,48), porque ha sido Dios, en quien Ella creyó, quien se ha fijado en Ella y le ha regalado esta condición de "mujer feliz", dichosa, alegre.
El secreto de la alegría perenne de la Virgen María es, también, el secreto de la felicidad de todo ser humano. No hay otro camino. Con fe y profundo deseo, pidamos a Dios que, como María, rebosemos de alegría auténtica y plena para poderla comunicar a todos: "Oh Dios, que, por la encarnación de tu Hijo, nacido de la Virgen María, has llenado al mundo de alegría, concédenos, a los que veneramos a su Madre, causa de nuestra alegría, el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría".
5. Los cristianos, "testigos y causa de alegría".
Los cristianos debemos "estar siempre alegres en el Señor". Cuando nos relacionamos familiarmente con María, cuando la festejamos con amor y devoción, reconociendo agradecidos su presencia y acción en nuestra vida, recibimos como resultado la alegría. Al acercarnos a la Virgen María con fe, al aprender de ella a conformar nuestra vida con la voluntad de Dios, al poner en sus manos nuestras necesidades espirituales, experimentamos que Ella es "causa de nuestra alegría". En la práctica, la autenticidad de nuestra devoción a la Virgen queda demostrada cuando "se acrecienta la alegría y aumenta el gozo" en nuestra vida, porque ésa será la señal de que estamos empeñados en imitar a María en su "sí" a Dios, haciendo siempre y en todo la voluntad de Dios.
La alegría es como el signo característico de un corazón que está unido y entregado al de María. Ella, "causa de nuestra alegría", quiere que también nosotros seamos portadores para los demás de este don, que el mundo espera y necesita. Pero, sólo quien vive en Dios comunica la verdadera alegría. Por eso, la Virgen, como a los criados de la Boda de Caná, no cesa de pedirnos, en relación a su Hijo: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Y cuando hacemos lo que Cristo nos dice, como sucedió en Caná, nos convertimos en "causa de alegría" para quienes nos rodean. Hacer lo que Cristo nos pide es hacer siempre el bien y, al hacerlo, nos convertimos en "testigos y causa de alegría" para otros.
"Estad siempre alegres en el Señor". ¿Es posible estar siempre alegres, incluso en situaciones dolorosas? Las cosas de Dios no pasan y, por eso, la alegría que Dios comunica permanece. La alegría que Dios da, es una alegría distinta a la que nosotros vivimos cuando algo nos pone contentos y que desaparece al menor contratiempo. La alegría que Dios da es profunda, es una alegría "en Dios", es una alegría que no pasa, por mucho que cambien las circunstancias externas, como la vivió la Virgen María que permaneció alegre aún en medio de la adversidad. Estamos hablando de aquella alegría que se instala en lo más hondo de nuestro espíritu, allí donde entramos en comunión con el Espíritu de Dios y somos movidos por él. Entonces, como dice Jesús: "Nadie será capaz de quitaros vuestra alegría" (Jn 16, 22). "Saber que Dios no está lejos, sino cercano; que no es indiferente, sino compasivo; que no es ajeno, sino un Padre misericordioso que nos sigue con cariño en el respeto de nuestra libertad: este es motivo de una alegría profunda que las cambiantes vicisitudes cotidianas no pueden arañar" (Juan Pablo II).
La vida de cualquiera de nosotros, como la de la Virgen María, no está exenta de pruebas y dificultades, de incomprensiones y rechazo, de dolor y sufrimiento. Sin embargo, en medio de las pruebas y el dolor, el creyente sabe conservar, como María, el dinamismo de la alegría que viene de Dios. "Una característica inconfundible de la alegría cristiana es que puede convivir con el sufrimiento, pues se basa totalmente en el amor. De hecho, el Señor que «está cerca» de nosotros, hasta el punto de hacerse hombre, viene a infundirnos su alegría, la alegría de amar. Sólo así se comprende la serena dicha de los mártires incluso en medio de las pruebas…" (Juan Pablo II, Ángelus 14-12-2003).
No deja de ser sorprendente que Jesús nos diga: "Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos" (Mt 5,11-12) y, de hecho, los apóstoles testimonian esta alegría en medio de la persecución: "Marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por Cristo" (Hech. 5,41). "Alegraos en la medida en que participáis de los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis en la revelación de su gloria" (1Pe 4,13). Estar alegres en la tribulación es el testimonio por excelencia de la autenticidad cristiana, el signo visible de que estamos en Dios y Él en nosotros. Evidentemente "la alegría en el sufrimiento" no es espontánea o instintiva. Sólo es posible, como en María y en los santos —particularmente en los mártires—, en una obediencia a la voluntad de Dios cada vez más perfecta, hasta el punto de preferir morir antes que desobedecer a Dios". Sólo la adhesión personal a la voluntad amorosa de Dios, descubierta en la oración, fortalecida y alimentada por los sacramentos, y vivida en la caridad, es el manantial de nuestra alegría interior.
Con palabras de Juan Pablo II podemos pedirle a la Virgen María: "Causa nostrae laetítiae", causa de nuestra alegría, ¡ruega por nosotros! Enséñanos a saber captar, en la fe, la paradoja de la alegría cristiana, que nace y florece en el dolor, en la renuncia, en la unión con tu Hijo crucificado: ¡haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena para podérsela comunicar a todos! Amén".
6. Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros
La Madre Teresa de Calcuta decía que "la alegría era la fuerza de la Virgen. Sólo la alegría pudo darle fuerza para caminar sin cansarse hasta las colinas de Judea para realizar el trabajo de servidora de su prima Isabel. También nosotros tenemos que marchar sin detenernos, más allá de las colinas de las dificultades."
En las letanías del Rosario reconocemos a María como la que nos trae la alegría. Y oramos diciendo "Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros", que es lo mismo que pedirle: "danos tu alegría", "ayúdanos a ser alegres como Tú". Por eso, cuando estamos desolados, es decir, cuando estamos pasándolo mal, decaídos, como tirados, sin ganas de nada, tristes, sin sentir la cercanía de Dios, como que nos traga la tierra o nos hundimos en el mar, no dudemos en acudir a la Virgen María. Ella nos contagia del gozo, la paz y la alegría que Dios le dio. Puede que las situaciones que nos han conducido a nuestra desolación no se resuelvan como desearíamos, pero con Ella, y contagiados de su alegría, podemos afrontar esas dificultades con buen ánimo y sin desfallecer porque para Dios nada hay imposible.
En esta Bajada de la Virgen aprendamos, para toda nuestra vida, que la Virgen María nos da la alegría. En medio del mundo que nos ha tocado vivir, en las dificultades y problemas de la vida, en los momentos de dolor, aprendamos de María a conservar siempre la profunda alegría y la paz interior que da la unión íntima con Dios, con su amor. En esa relación profunda con el Señor encontraremos sosiego para nuestras inquietudes, consuelo en el dolor, fuerza para vivir nuestros compromisos y motivación para avanzar en el camino del bien. Y, con este canto del P. Mariano de Blas, LC, pidamos a la Virgen que, en toda circunstancia, permanezca en nosotros la alegría de vivir:
María tú que velas junto a míy ves el fuego de mi inquietudMaría, madre, enséñame a vivircon ritmo alegre de juventud.Ven Señora a nuestra soledad,ven a nuestro corazón,a tantas esperanzas que se han muerto,a nuestro caminar sin ilusión.Ven y danos la alegríaque nace de la fe y del amor,el gozo de las almas que confíanen medio del esfuerzo y el dolor.Ven y danos tu esperanzapara sonreír en la aflicción,la mano que del suelo nos levanta,la gracia de la paz y del perdón.Ven y danos confianza,sonrisa que en tu seno floreció,sabiendo que en las dudas y tormentasjamás nos abandona nuestro Dios.

La grandeza de María, Madre de Dios y Madre nuestra, es siempre motivo de inmensa alegría para todos sus hijos, alegría que en la isla de La Palma adquiere una relevancia especial al celebrar las centenarias Fiestas Lustrales en honor de Nuestra Señora Santa María de Las Nieves. La variedad y esplendor de los actos que se realizan, expresan el amor y la devoción de los palmeros a la Virgen María e implican el encuentro con la Madre de todos. Un encuentro al que Ella corresponde "acrecentando nuestra alegría y aumentando nuestro gozo".
Deseando a todos que se adentren en el genuino espíritu de la Bajada de la Virgen y que al celebrarla se llenen de alegría desbordante, les bendice de todo corazón,

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

Evangelio Domingo V Cuaresma

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Evangelio según San Juan 8,1-11.
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?". Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante".

Bajada de la Virgen de las Nieves 2010

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La parroquia matriz de El Salvador se quedó pequeña para acoger este jueves el acto de presentación del programa de actos religiosos, la carta pastoral del Obispo y el cartel, editado por la Iglesia, para la LXVII Bajada de la Virgen de Las Nieves.
En dicho acto estaba prevista la presencia del Obispo pero, por razones de dificultad en la operatividad del aeropuerto de los Rodeos, no pudo asistir. Sí lo hizo, uno de los vicarios generales, Domingo Navarro; además de Juan Ramón Felipe, alcalde de Santa Cruz de La Palma; Guadalupe González, presidenta del Cabildo Insular; Francisco Concepción Checa, párroco de El Salvador; Facundo Daranas, profesor de Historia y Jorge Davó, autor del cartel. Además, se contó con la actuación del Coro de San Pedro. El templo estaba lleno.
Tras el saludo del párroco de El Salvador que, en algunos esbozos expuso las acciones pastorales ya previstas para la Bajada, la presentación del acto corrió a cargo de Facundo Daranas Ventura, quien argumentó, con pinceladas históricas, la doble vertiente, cívica y religiosa, de la Bajada de la Virgen de Las Nieves. Ambas están -dijo- indisolublemente unidas y permanecen grabadas en lo más íntimo de los sentimientos del palmero, pudiendo considerarse estas Fiestas Lustrales, combinación de fe y cultura, el elemento más significativo y relevante de la Ciudad, cuyo tiempo llega a medirse en lustros.
Cartel
Posteriormente, Jorge Davó, autor del cartel religioso de la Bajada explicó el mismo señalando, entre otras cosas, que es una obra colectiva. "Se trata de una pintura que combina tradición y grandiosidad. Con la textura y tonos ocres, como si de un cuadro antiguo se tratase, he querido dotarlo de cierto ambiente histórico y monumental". Entre los elementos del cartel, muchos representativos de la arquitectura de la ciudad y significativos en las fiestas lustrales, destaca la imagen de la Virgen de Las Nieves como centro principal y fundamental de la composición. "Se podría decir que ella aparece como el primer y más importante monumento de la Bajada" -indicó Davó. "Por ello, muchos de los elementos representados nacen a la sombra del manto de Nuestra Señora de Las Nieves. Y, como si todos ocupásemos el puesto de los enanos, (por ello los he representado sin rostro) cada uno de nosotros es invitado a colocarse ante la Madre de Dios y bailar a sus pies, recordando nuestra condición de devotos y convirtiendo en danza la alegría que recoge el lema de la Bajada de este año. Porque se trata de algo que se hereda desde 66 pasos anteriores de Bajada pero que está llamado a continuarse en adelante, la elección de una tipografía moderna en los textos quiere integrarse como mirada hacia el futuro otorgándole no sólo peso y fuerza a la composición, sino también invitación a continuar el camino".
Las palabras del alcalde
Juan Ramón Felipe, alcalde de la ciudad y presidente del Patronato de la Bajada se remontó en su intervención a los orígenes de este evento, manifestando que "nuestras fiestas lustrales son un referente mariológico y cultural". La Bajada de La Virgen de Las Nieves - apuntó - "asume el carácter de fiesta totalizadora, capaz de reunir lo mejor de la fiesta noble y de espectáculo, y lo más sensible y fresco de la participación popular junto a la solemnidad y fervor de un pueblo por su Madre". Para el alcalde, esta cita con la Virgen, "responde, cada cinco años, a la silenciosa, humilde y discreta llamada de la autenticidad. La autenticidad de una fiesta hecha por el pueblo de Dios y por la sociedad civil para alegría de todos y para acoger con nuestros mejores sentimientos y galas a la Patrona de La Palma, nuestra querida Virgen de La Nieves".
El profesor de Historia, Facundo Daranas hizo uso de nuevo de la palabra para hacer hincapié en la dimensión religiosa de la Bajada.
Carta pastoral del Obispo
Este aspecto, también fue destacado por el vicario general. El mismo, disculpando la ausencia del Prelado Nivariense, presentó la Carta Pastoral que escribió el propio Obispo con ocasión de la Bajada. La misma se titula como el lema de esta cita lustral: "María, causa de nuestra alegría". Bernardo Álvarez recuerda en ella a los palmeros, donde quiera que se encuentren, que "el origen y motivo de esta centenaria Fiesta está en la fe y gratitud de los palmeros a la Virgen de las Nieves". El prelado indica en su misiva, que fue exponiendo a los presentes Domingo Navarro, como, "a lo largo de 330 años, de generación en generación, los palmeros han mantenido viva la celebración de "La Bajada", una fiesta en la que procuramos poner a los pies de la Virgen lo mejor de nosotros mismos y, gracias a eso, con el paso del tiempo la hemos enriquecido con singulares actos de gran arraigo y popularidad". Para la Bajada de este año 2010 hemos elegido el lema: "María, causa de nuestra alegría".
La misiva se divide en seis apartados y recuerda que la felicidad es una necesidad fundamental del ser humano. "María, -indica el prelado- ha puesto su mano en la historia de La Palma, y ha contribuido a configurar su identidad. La Virgen de Las Nieves ha sido y es una bendición para todos los palmeros porque ha sido Dios, en quien Ella creyó, quien se ha fijado en Ella y le ha regalado su condición de mujer feliz, dichosa, alegre". María, dice la misiva, nos trajo la alegría del mundo, Jesucristo. "Ella misma es testimonio de alegría por lo que es y por lo que hace".
"Por ello, -señala en otro momento Bernardo Álvarez- los cristianos hemos de ser testigos y causa de alegría. Estar alegres, incluso en la tribulación -sostiene- es el testimonio excelso de la autenticidad cristiana."
Actos fundamentales de la Bajada de la Virgen
• 4 de julio, Bajada del trono.• 17 de julio, Bajada de la Virgen de Las Nieves a la Encarnación. Saludo del Cardenal Carlos Amigo, Arzobispo Emérito de Sevilla. • 18 de julio. La Misa de las 8 en la Encarnación será emitida, en directo, para toda España por la cadena COPE. Entrada de la Patrona en el centro de la Ciudad. Bajada desde el templo de la Encarnación hasta la parroquia de El Salvador.• Novedades en la procesión general1. día 25 de julio, procesión a la zona sur de la ciudad. Por la mañana traslado a Santo Domingo con acto especial para los niños y, por la tarde, continuación de la procesión.2. día 31 de julio (sábado) traslado de la imagen a la parroquia de S. Francisco de Asís con estancia de la Virgen durante la noche. Jornada dedicada a los jóvenes.3. día 1 de agosto, traslado por la mañana de S. Francisco procesión al hospital con estancia de la Virgen en dicho centro hospitalario y un acto especial con los enfermos. Por la tarde regreso a El Salvador.
Actos que se prevén especiales:- acto con las familias el día 24 de julio.- acto con los niños el 25 de julio.- acto con los jóvenes el 31 de julio.- acto con los ancianos y enfermos el 1 de agosto.
- Triduo episcopal a cargo de Damián Iguacen Borau, obispo emérito de esta diócesis en los días 1, 2 y 3 de agosto.
Patrona de la Isla
La imagen de la Virgen de Las Nieves es, probablemente, la más antigua de cuantas se veneran en las Islas Canarias. Se trata de una imagen gótica, con reminiscencias del románico, de 57 cm. de altura, modelada en terracota policromada, de origen probablemente sevillano de finales del siglo XIV (aunque algunas opiniones se remontan al siglo XIII) la cual, a partir del siglo XVI, se ha sobrevestido con ricas telas y aderezado con cuantiosas joyas.
Se cree que ya en la época prehispánica había llegado la imagen a la isla, probablemente traída por frailes misioneros. Así, el lugar donde se asienta su Santuario ya era probablemente un sitio de culto para los aborígenes palmeros -Benahoaritas-, posiblemente en el interior de una cueva. En todo caso, el documento más antiguo que se conserva con el nombre de "Santa María de las Nieves" es una Data del Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo, de 1507, donando a la Virgen los solares en los que en 1517 consta estar ya edificado el primitivo templo, el cual recibió posteriormente, por parte de Felipe IV, el título de Real Santuario Insular.
La imagen de Nuestra Señora de Las Nieves fue venerada desde su llegada a la isla, atribuyéndosele intervenciones milagrosas y, por tal motivo, acudiendo a ella ante señaladas catástrofes que la isla padeció. Entre las rogativas de que se tienen noticia están las realizadas a causa de las sequías en 1630, 1631 y 1632, por erupción de volcanes 1646 y 1678, o por lagas de langosta como en 1659, ocasiones en la que fue trasladada desde su Santuario del monte a la Parroquia Matriz de la Ciudad.
A finales de 1675 el entonces Obispo García Jiménez realiza una visita pastoral que se alargó hasta primeros de marzo de 1676; de esta forma conoce de primera mano la devoción a la Virgen de Las Nieves y sus diversas intervenciones milagrosas en la historia. Precisamente aquel invierno estaba provocando el hambre entre la población, por lo cual el Obispo autoriza el traslado de la Imagen hasta la capital, para celebrar los cultos en la festividad de la Purificación de la Virgen. Fueron tales las muestras de fervor que el Obispo decide instituir Bajadas quinquenales según consta en el Voto fundacional: "...que la Santa Imagen de Nuestra Señora de las Nieves se traiga a la Iglesia Parroquial de esta Ciudad, cada cinco años, para celebrar con su asistencia Fiesta y Octava de la Purificación, por el mes de febrero, repitiéndose el devoto culto con que se celebró el año de 1676, y que se comenzase el quinquenio el año 1680 y de allí en adelante."
Sin embargo, aunque la Bajada se realizó desde sus comienzos, quinquenalmente cada 1 de febrero para celebrar al día siguiente en la iglesia de El Salvador la festividad de la Purificación y su octava, el mes en que se celebra si ha variado a lo largo de los siglos; así, en el siglo XIX se trasladó a la primavera, mientras que en el siglo XX, se decide trasladar nuevamente, primero al mes de Junio y posteriormente a su ubicación actual en las dos primeras semanas de Julio; marcada por dos domingos y dos citas de amplia participación popular: las bajadas del Trono y de la Virgen.
Bandera
El acto que marca oficialmente el comienzo de cada edición es la procesión de la Bandera blanca con el anagrama de la Virgen, subida por el ayuntamiento en pleno, las autoridades insulares, el clero y el pueblo, desde las Casas Consistoriales hasta izarla el Castillo de la Virgen. En la tarde se realiza la Bajada del Trono; los romeros, ataviados con los trajes tradicionales, bajan desde el Santuario las 42 piezas de plata que componen el trono de la Virgen, para entregarlas en la iglesia de El Salvador, donde, quince días después, llegará la imagen de la Virgen el día de su Bajada.
Un número con gran participación popular es La Pandorga; se trata de un desfile nocturno de faroles de papel con luz de velas de múltiples colores y formas que, llevados por niños, recorren el centro de la ciudad a los sones de la banda de música. Seguramente las Pandorgas fueron llevadas al Levante peninsular por los misioneros jesuitas y, desde allí, transmitida a todas las latitudes del territorio nacional, llegando a la isla a finales del siglo XVII, justamente cuando comienzan a celebrarse las Bajadas.
Minué
La herencia barroca ha quedado reflejada en el Minué o festival del Siglo XVIII , que sustituye a la Danza de Niños desde 1945, interpretado con música diferente cada año. Esta representación versallesca, que tiene lugar la noche del miércoles de la Semana Grande, con orquesta sinfónica, solistas, coro mixto y amplio cuerpo de baile, conmemorando la pureza de María.
Los Enanos
La Danza de los Enanos es el acto más celebrado y con renombre universal de cuantos se celebran en la Bajada. Su origen remoto lo encontramos en Gigantes, Cabezudos y Mascarones que desde el siglo XVII vienen participando en las fiestas. Pero es en el siglo XIX cuando se aparecen los Enanos, incorporándose a las fiestas lustrales. Sin embargo, en 1905 se produce el hecho que hará universal la fama de los Enanos, cuando se idea la transformación de hombres a Enanos: en la primera parte del acto, los danzantes representan cada lustro un personaje (monjes, marinos, astrónomos, peregrinos, estudiantes, atenienses, etc.), mientras bailan y cantan, variando la letra y la música en cada edición; en tan sólo unos segundos, los danzantes se transforman en enanos, al tiempo que inician un baile rápido al ritmo de una polca que, desde 1925, es siempre la misma. A lo largo del siglo XX, la noche del jueves de la Semana Grande se ha convertido en la noche de los Enanos, esperada cada lustro por chicos y grandes.
El Carro Alegórico y Triunfal se ha venido representando ininterrumpidamente desde la creación de la Bajada, si bien es últimamente cuando se fijó en el viernes de la Semana Grande anunciando el esperado hecho que se llevará a cabo al día siguiente. Durante la mayor parte de su larga existencia se representaba precisamente sobre un carro tirado por bueyes, sustituidos más adelante por vehículos de tracción mecánica. En las últimas Bajadas, ya durante el siglo XX, se convirtió en una representación llevada a cabo en un escenario fijo, aunque sin perder su esencia original que, aunque repetida cada lustro, se trata siempre de una pieza compuesta expresamente por un poeta de la isla.
El Diálogo entre el Castillo y la Nave
Otra pieza de indudable altura poética la encontramos, ya en la mañana de la Bajada de la Virgen, con el Diálogo entre el Castillo y la Nave cuando la imagen cruza el Barranco de las Nieves en que comienzan desde el Castillo advirtiendo al Barco que no ha enseñado su pabellón, a lo que los marinos responden que transportan a la sagrada persona de María; entonces los disparos se transforman en salvas y la procesión continúa por la Calle Real hasta la Plaza de España.
Cuando la Imagen de la Virgen llega al pórtico de la Parroquia Matriz de El Salvador, recibe el homenaje de la Loa de Llegada que, desde 1880, se ha venido escenificando para acoger a la patrona palmera a las puertas del templo donde pasará casi todo el tiempo que dura su visita lustral; en dicha Loa le ruegan que reciba el fervor del pueblo, y ordenan al templo que le abra sus puertas.
Este año, una de las iniciativas que se ha querido resaltar, dado el carácter relevante de estas fiestas lustrales, es que todo el año sea considerado "Año de Bajada", así, el 1 de Enero se realizó un repique festivo en los campanarios de toda la isla anunciando la llegada de estas fiestas. En el mes de marzo se realizará la presentación de la Carta Pastoral del Sr. Obispo así como del Cartel para los actos religiosos, en el mismo lugar al que llegará la venerada imagen algo más de 100 días después.
Aunque las semanas de permanencia de la venerad imagen en la ciudad ya tiene su propio ritmo, se ha querido resaltar el papel aglutinante de esta devoción con la programación de diversos encuentros de los fieles con la Virgen. Así está previsto celebrar un día de las Familias, otro dedicado a los Enfermos e Impedidos, un día dedicado a los Niños, y otro a los Jóvenes; llevándose a cabo en ellos diversos actos a lo largo de la ciudad, con ocasión de los traslados de la imagen por los recorridos de costumbre.
Asimismo, para un mayor conocimiento de la imagen y su historia, se tiene proyectado editar, junto al programa de actos religiosos, una reseña con apuntes históricos que pueda servir de divulgación para la mayor parte de los devotos e interesados en las tradiciones relacionadas con la Bajada de la Virgen, dando especial relevancia al Voto que le dio origen.

Evangelio Domingo IV Cuaresma

Publicado por Parroquia de Los Remedios martes, 9 de marzo de 2010 0 comentarios




Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".


El siguiente mensaje corresponde a las palabras de nuestro obispo nivariense


Queridos diocesanos:

El próximo 21 de marzo, celebraremos el "Día del Seminario" de este año 2010. De nuevo, estamos invitados a orar y avivar nuestra inquietud y colaboración en pro de las vocaciones sacerdotales y de nuestro Seminario, máxime cuando estamos inmersos en la celebración del "Año Sacerdotal".

Hablar del Seminario Diocesano es hablar de los futuros sacerdotes. Es hablar de aquellos que, a medio y corto plazo, se harán cargo de continuar la atención a nuestras parroquias (312 en toda la diócesis), a las capellanías en los hospitales y centros de mayores, a los centros penitenciarios, a las comunidades religiosas y a los diversos servicios diocesanos (Obispado, Catedral, Seminario, Delegaciones...).

Hablar del Seminario es hablar de las vocaciones, porque "el sacerdocio" es una vocación en el sentido más teológico de la palabra, es decir, la elección que Dios hace a una persona para que haga presente, con su vida y ministerio, a Jesucristo Cabeza y Pastor de la Iglesia. No es la persona quien elige y decide ser sacerdote porque le gusta la cosa, sino que es Dios quien la elige y la llama para que consagre su vida al servicio de los demás mediante el ministerio que se le confiere con el Sacramento del Orden Sacerdotal. Al que es llamado le corresponde conocer y responder a lo que Dios le pide. Libremente puede aceptarlo o rechazarlo, pero la iniciativa siempre parte de Dios. La vocación sacerdotal es don que Dios da sin merecerlo y que nadie puede merecer ni exigir como un derecho.

Ante la evidente disminución de vocaciones al sacerdocio podemos preguntarnos: ¿Sigue Dios eligiendo y llamando hoy al sacerdocio? ¿A qué se debe el escaso número de seminaristas? Como en la parábola evangélica del sembrador, no es culpa del que llama, que sigue haciéndolo, ni es culpa del escaso valor o grandeza del ministerio sacerdotal, pues su importancia y necesidad es hoy más fuerte que nunca, sino que la causa está en quien es llamado y en su falta de disponibilidad para aceptar, sin condiciones, la elección que Dios hace. La causa del escaso número de vocaciones al sacerdocio está en las múltiples objeciones y obstáculos –interiores y exteriores- con que tropiezan los jóvenes cristianos a la hora de decidirse a consagrar su vida, en cuerpo y alma, al servicio de los demás.

Por eso, no podemos menos que alegrarnos y decir: "¡Chapó! por los seminaristas". Sí. ¡Chapó! porque son jóvenes libres y valientes que, habiendo sentido la llamada de Dios, han dado el paso diciendo "sí", y se están preparando para realizar con su vida y ministerio el sacerdocio de Jesucristo al servicio de la Iglesia y del mundo. ¡Chapó! a los seminaristas porque superando las propias objeciones interiores y haciendo frente a los obstáculos de un ambiente adverso, se esfuerzan cada día por ser fieles a la llamada recibida y se preparan con ilusión para ser buenos sacerdotes.

¡Chapó! Seminaristas, y no pierdan el ánimo. Saben que quién les ha llamado es fiel y está siempre con ustedes. Como San Pablo, "estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la llevará a término" (Filp. 1,6). Saben que el pueblo cristiano les valora y les apoya, que miles de fieles rezan por ustedes y ayudan económicamente al sostenimiento del Seminario. Seguid adelante. El camino ciertamente es duro pero merece la pena, porque los trabajos de ahora no pesan en comparación con la grandeza y dignidad del sacerdocio que el Señor les quiere confiar.

Sacerdotes. Seminaristas. Seminario. Tres realidades fundamentales en la vida de la Iglesia y todas ellas al servicio del pueblo de Dios. Habrá sacerdotes si hay vocaciones y seminaristas que se preparan para ser ordenados. A su vez, los seminaristas necesitan un buen Seminario que es, precisamente, el lugar más propio y único para iniciar a los candidatos al sacerdocio en las virtudes sacerdotales: la fe, la esperanza, la caridad pastoral, la vida orante, el celibato, la pobreza, la disponibilidad obediente, la formación teológica, la fraternidad presbiteral... y todas las actitudes y obras de misericordia, que el sacerdote está llamado a realizar a imagen de Cristo el Buen Pastor, compasivo y misericordioso, como indica el lema para la celebración del Día del Seminario de este año: «El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios».

Las vocaciones al sacerdocio nacen en el seno de nuestras parroquias, grupos y comunidades. Todos los fieles, de una forma u otra, ponen su mano para que no nos falten sacerdotes: la oración por las vocaciones, por los sacerdotes y los seminaristas, la ayuda económica al Seminario, el aprecio al sacerdocio y la colaboración con su ministerio, etc., son medios que mantienen viva la conciencia de que los sacerdotes "son nuestros" y "para nosotros" y, consecuentemente, que son responsabilidad de todos.

Sacerdotes. Seminaristas. Seminario. ¿Qué podemos hacer para que estas realidades se mantengan vivas en nuestra Diócesis? Les ofrezco estas sencillas indicaciones que todos podemos realizar:

Rezar por los sacerdotes, para que con su fidelidad y ejemplo sirvan de testimonio y llamada para muchos jóvenes. "El testimonio suscita vocaciones", es el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones de este año. Orar por los sacerdotes, además de ser un signo de amor, por lo que son y por el servicio que prestan, es –también- una ayuda fundamental para que puedan ser buenos y santos sacerdotes que atraigan a los jóvenes a esta vocación.

Rezar por los seminaristas para que lleguen a ser sacerdotes bien preparados y apóstoles generosos. La vocación tiene su origen en la llamada de Dios y en Él tiene su fundamento permanente. Jesús nos enseña que todo lo que pidamos al Padre en su nombre nos lo dará. Pidamos constantemente por los seminaristas para que no se pierda ninguno de los que Dios ha elegido.

Entusiasmar, abiertamente, con la llamada del Evangelio "ven y sígueme", a muchos jóvenes cristianos que sienten interiormente el deseo de servir a los demás y trabajar por un mundo mejor. Es la etapa de la vida en la que se toman decisiones para el futuro y todo joven cristiano, en diálogo sincero con Dios, debe preguntar "¿Señor, que quieres que haga?" y responder con generosidad a lo que Dios le pide, ofreciéndose a ser enviado por Él, con la confianza de que eso es lo mejor para su vida.

Despertar también, sin temor y con sencillez, esta conciencia en los niños; en muchos de ellos hay una semilla de vocación que esta llamada a crecer y es necesario cultivar con esmero.

Cultivar la generosidad en el corazón de los padres cristianos para que, con satisfacción y alegría, permitan a sus hijos poder seguir la vocación al sacerdocio y les apoyen en su camino de fidelidad a la llamada de Dios.

Plantearse, en todos los ámbitos de la Iglesia (parroquias, movimientos, comunidades, escuelas católicas, asociaciones y grupos cristianos) la importancia y necesidad de los sacerdotes para la plena vivencia de nuestra fe, y poner los medios para que surjan nuevas vocaciones. Un planteamiento serio y profundo en este terreno es signo evidente de nuestra madurez cristiana, tanto personal como comunitaria.

Ser generosos con nuestra aportación económica: para una formación amplia y profunda de los futuros sacerdotes, acorde con las necesidades de nuestro tiempo, es necesario invertir dinero. Un dinero que sale del bolsillo de todos y que es una forma de servir a los demás con lo que uno tiene, porque "invertir en la formación de un sacerdote" produce "una rentabilidad" que perdura a lo largo de tiempo en beneficio de miles de personas. Pocas realidades tienen un efecto tan multiplicador a favor de los demás como la vida y ministerio de un sacerdote.

Queridos diocesanos: Agradecidos a Dios por los sacerdotes, no dejemos de orar por ellos y de colaborar en su ministerio. Pedid al Señor que siga dándonos muchos y buenos sacerdotes, pues el trabajo es abundante y los obreros son pocos. Apoyad en todo momento al Seminario y a los seminaristas para que no falten pastores que, en nombre de Cristo, cuiden al pueblo de Dios.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense