PARROQUIA DE LOS REMEDIOS

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¿Por qué Haití es tan pobre?

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 22 de enero de 2010



LUIS PRADOS EL PAÍS: 20/01/2010

Las catástrofes naturales, tan frecuentes este principio de siglo -tsunami en el
Índico en 2004, Cachemira en 2005, Sichuán en 2008, el reciente de Sumatra y
ahora Haití-, ocurridas en países pobres o en vías de desarrollo suelen llevar a
que la explicación física del desastre sirva también para justificar las causas de
la pobreza de la zona afectada. El castigo de Dios se desataría sobre los más
débiles, habitantes de tierras de naturaleza imposible.
Al autoaislamiento se unió la exclusión. El país encarnaba la peor pesadilla del
colonialismo
Haití, en concreto, tiene algunas desventajas físicas respecto de su vecino, la
República Dominicana -menos lluvias, suelo más pobre, los ríos de las
montañas dominicanas fluyen en su mayoría hacia el este...-. Sin embargo, los
dos países, como escribe Jared Diamond en su extraordinario libro Colapso.
Cómo las sociedades eligen fracasar o sobrevivir, son el perfecto antídoto para
el determinismo geográfico, el mejor ejemplo de cómo son las sociedades las
que deciden el destino de un país.
Hagamos un poco de historia. Cuando Colón llega a La Española en 1492 se
calcula que habitaban la isla medio millón de nativos, los taínos. Para su
desgracia, tenían oro. En 1519 quedaban tan sólo unos 11.000. España tuvo que
importar mano de obra esclava, pero pronto encontró lugares en el continente
americano de mayor interés.
La negligencia española llevó a la ocupación francesa del tercio occidental de la
isla para finales del siglo XVII. El cultivo intensivo de la caña de azúcar,
acompañado de una salvaje deforestación y de pérdida de fertilidad del suelo,
convirtió a Haití en la colonia más productiva de Francia en 1785. Para
entonces, su población esclava ascendía a 700.000 personas, el 85% del total,
frente a los 30.000 de la parte de la isla que seguía siendo española.
La rebelión de los esclavos haitianos y la Constitución de la primera república
negra en enero de 1804 horrorizó al Occidente blanco. Las nuevas autoridades
haitianas legislaron para que nunca se repitiera la tragedia de la esclavitud: no
habría más plantaciones, sino pequeñas parcelas de tierra para la subsistencia
de cada familia, y se prohibió el establecimiento y las inversiones de los
extranjeros.
Al autoaislamiento se unió la exclusión. Haití era la encarnación de la peor
pesadilla del colonialismo blanco. Como dice Ian Thomson, autor de Bonjour
Blanc, a Journey Through Haiti, "se pensaba que los haitianos eran incapaces
de gobernarse a sí mismos porque eran negros. Luego había que probar que
eran ingobernables". EE UU, por ejemplo, sólo reconoció la independencia de
Haití en 1862, en plena guerra civil. Pese a todo, la pequeña república era aún
mucho más rica que su vecina, a la que invadió en varias ocasiones en el siglo
XIX. Sin embargo, la República Dominicana contaba con algunas ventajas: no
estaba superpoblada, sus habitantes hablaban español y no creole y eran de
origen europeo, recibían bien a los hombres de negocios extranjeros y
desarrollaron una economía de exportación.
Los países sufrieron inestabilidad política y administraciones atroces -en Haití,
de 22 presidentes entre 1843 y 1915, 21 fueron asesinados o expulsados del
poder; en la República Dominicana, entre 1844 y 1930 hubo 50 cambios de
presidente- y la ocupación durante varias décadas por EE UU. Y después, el
despotismo del clan Duvalier y el clan Trujillo. Dos dictaduras cleptómanas
cuyas secuelas aún se pueden sentir. No hay maldición geográfica. La suerte de
Haití se decidió mucho antes del terremoto de hace una semana.

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