PARROQUIA DE LOS REMEDIOS

Le damos la bienvenida al blog de la Parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios (Los Llanos de Aridane)

Romería de la Bajada del Trono

Publicado por Parroquia de Los Remedios lunes, 5 de julio de 2010 0 comentarios


Más de 70.000 personas, según los datos facilitados por el Ayuuntamiento, 72.000 en concreto, participaron ayer en la Romería de la Bajada del Trono que discurrió desde el Santuario de la Virgen de Las Nieves y la iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma. La Palma se echó literalmente a la calle para festejar este acto con el que arranca la Semana Chica de las Fiestas Lustrales.

En la celebración de la misa de romeros en el Santuario, que estaba a reventar, el Vicario General, Domingo Navarro, recordó que la Virgen baja para que cumplamos un voto de gratitud, voto agradecido, a Santa María de las Nieves, la Sra. del monte. "Con esta celebración y la bajada del trono, estamos en la antesala próxima del cumplimiento de un voto de gratitud. El origen y motivo de esta fiesta está en la fe y gratitud de los palmeros que siempre hemos acudido a ella para suplicarle como eminente intercesora ante Dios, en los momentos de gran y menor dificultad". Queremos nuevamente agradecerle - señaló el sacerdote - "tantos beneficios recibidos, por su intercesión ante su Hijo Jesucristo. Queremos agradecerle, sobre todo, el ofrecimiento de su Hijo Jesucristo, que es el mayor milagro".

Asimismo subrayó que los trozos del trono de plata podríamos ser cada uno de nosotros. "Somos para ella su verdadero trono"- dijo - para preguntarse posteriormente: ¿Sabremos hacerle sitio a Ntra. Madre del Cielo en esta Bajada? ¿Están bien limpios los trozos de tu trono? ¿Encajan bien? ¿Precisan alguna reparación? María -enfatizó- nos quiere siempre limpios "como la plata" y encajados, reconciliados con los hermanos y con Dios.

Después de la celebración de la misa de romeros, se procedió al reparto de las 42 piezas del Trono de la Virgen entre los participantes. En esta ocasión, la primera pieza del Trono fue portada por el alcalde de Santa Cruz de La Palma, la presidenta del Cabildo y el presidente del Parlamento de Canarias. Después de ellos fueron saliendo el resto de personas que portaban el Trono, entre vivas a la Virgen de Las Nieves.

Mientras tanto, la Romería empezaba a andar y formaba una auténtica marea humana que se podía divisar desde la plaza del Santuario. Si bien, uno de los momentos más emocionantes de la tarde fue la salida de las andas para trasladar el Trono, acompañada de la agrupación folclórica de Sabinosa. Los herreños danzaron al sonido de las chacas y tambores en honor a la Virgen de Las Nieves.

La Romería transcurrió por los reales caminos del Planto y La Dehesa para hacer su entrada en la ciudad. Sobre las once de la noche hicieron su entrada en el templo las andas, que son las últimas en llegar, y, posteriormente, tuvo lugar la celebración de una liturgia de la palabra.

En la plaza de La Alameda actuaron desde las ocho de la tarde las parrandas participantes en la Romería, mientras que a las diez de la noche comenzó un baile en el recinto popular de las fiestas. /elapuron.com/



El párroco de Los Llanos de Aridane, Fernando Matías, ha bendecido e inaugurado las nuevas dependencias de Cáritas arciprestal-parroquial de este municipio, situadas en el complejo parroquial de San Pedro Apóstol y Los Santos Mártires (Argual).

El fin de estas nuevas dependencias es el de ofrecer a todo aquél que lo necesite una lugar más apropiado para tratar las necesidades que diariamente atiende cáritas en el arciprestazgo. Cuenta esta infraestructura con un salón de usos múltiples, con cocina adaptada para poder realizar cursos, un despacho, una sala de espera, y un almacén para alimentos.

Fernando Matías, párroco y arcipreste, recordó la necesidad que existía en la zona de contar con un lugar apto para poder atender a todas las personas que se acercan a Cáritas tal y como se merecen, asegurando en todo momento un trato personalizado, cercano y confidencial, lo cual con estas nuevas dependencias se podrá ofrecer.

Al acto asisiterion también el alcalde y la concejal de Asuntos Sociales, además del presidente de Cáritas Arciprestal, la secretaria general de Cáritas Diocesana, y numerosos voluntarios. En su intervención, el alcalde agradeció el trabajo que realiza Cáritas en Los Llanos de Aridane, al tiempo que recordó que el trabajo del ayuntamiento e instituciones como ésta, se complementa para beneficio de todos los ciudadanos, y se mostró cercano para cualquier colaboración necesaria.

/elapuron.com/

El P. General de la Compañía de Jesús (C.J.), Adolfo Nicolás, ha nombrado a Francisco José Ruiz Pérez, S.J., nuevo Provincial de la Provincia de España, para suceder al P. Elías Royón Lara, que ha desempeñado esta función los seis años que dura el mandato, desde el pasado 5 de septiembre de 2004. Francisco José Ruiz Pérez, de 49 años, tomará posesión de su cargo el próximo 22 de septiembre. Acababa de terminar su mandato como provincial de la Bética de la C.J. Es licenciado en Filosofía y Doctor en Teología (especialidad Teología Dogmática).

Nació en Santa Cruz de La Palma el 2 de octubre de 1961 e ingresó, con 20 años, en el noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla (1981).
Cursó en Madrid la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas (1983-1988), al tiempo que colaboraba en pastoral colegial y universitaria. La siguiente etapa de formación (Magisterio, 1988-89) la realizó en Sevilla, donde también realizó labores pastorales y de docencia.

Estudió el primer ciclo de Teología en la Facultad de Teología de Cartuja, Granada y fue miembro de la Comisión Provincial de Formación (1990-93). De 1993 a 1997 residió en Frankfurt (Alemania), donde hizo el doctorado en Teología Dogmática por Sankt Georgen Hochschule. Fue ordenado sacerdote en Santa Cruz de Tenerife, el 2 de julio de 1994, por Mons. D. Felipe Fernández García.

En el curso 1997-98 realizó la Tercera Probación (última etapa de formación de los jesuitas) en Calera de Tango (Chile), siendo su Instructor el P. Juan Ochagavía. Acabada la formación, recibió como destino la Facultad de Teología de Cartuja (Granada). Allí pronunció los Últimos Votos en 1999. En Granada fue Profesor de Teología Dogmática y Asistente de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) (1998-04), Rector del Teologado Anchieta y Coordinador Provincial de Pastoral Universitaria (01-04). En 2004 fue nombrado Provincial de la Provincia Bética por el P. Peter-Hans Kolvenbach y, como tal, asistió a la Congregación General 35 (2008).

La Provincia única

En la actualidad, existen 1.385 jesuitas en España que se distribuyen en cinco provincias: Aragón (Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares), Bética (Andalucía y Canarias), Castilla (Galicia, Asturias, Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Extremadura y Murcia), Loyola (País Vasco y Navarra) y Tarraconense (Cataluña). Además de estas, la Provincia de España ejerce labores de coordinación y representación eclesial y de ella dependen las casas de Formación de la C.J.

Motivos pastorales hicieron que en noviembre de 2008, el P. General diera el visto bueno a la unificación de estas cinco provincias en una única Provincia que abarque todo el territorio del Estado. Desde entonces se trabaja intensamente en este proceso que culminará, como tarde, en 2.016.

En España, los jesuitas ejercen desde hace cinco siglos labores educativas, de formación, teológica, pastorales, sociales, espirituales... Por ejemplo, la pastoral se ejerce, entre otros ámbitos, en las 40 parroquias, de la C.J. o encomendadas a ella; o en el acompañamiento de grupos de laicos (como las CVX, las redes ignacianas). Alrededor de 67.000 alumnos estudian en 68 colegios y más de 50.000 alumnos se forman en sus 2 universidades (Deusto y Universidad Pontificia Comillas) y varios centros universitarios (ESADE, ETEA...) En cuanto a la acción social, las tres prioridades son los Inmigrantes, los Menores en riesgo y la Cooperación al Desarrollo y la ejercen a través de diversos centros de atención a estos colectivos, en centros de estudios y publicaciones sobre estas problemáticas y a través de 2 ongs (Entreculturas, Alboan) y de los centenares jesuitas españoles que son misioneros. También hay numerosos jesuitas en el ámbito cultural trabajando en centros fe-cultura y en las 2 editoriales de la CJ en España (Mensajero, Salterrae). Y, por su puesto, lo característico de la C.J.; el fomento y difusión de la espiritualidad ignaciana y de los Ejercicios Espirituales, lo realizan de manera especial los jesuitas en 16 Centros de Espiritualidad y Casas de Ejercicios de nuestro país.

El actual provincial

Elías Royón Lara, ha sido provincial de España desde 2004 y ejercerá su cargo hasta el próximo 22 de septiembre (2010). Nacido el 22 de febrero de 1937 en Benamejí (Córdoba), ingresa en la Compañía en 1957 en Aranjuez. Se ordena sacerdote el 28 de junio de 1969 en Madrid y hace sus últimos votos el 5 de noviembre de 1975. Es licenciado en Filosofía (Alcalá de Henares, 1964) y doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma (1974). Ha sido maestro de novicios de la Compañía en España (1973-1981), vicerrector de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid, 1981-1987); Presidente Nacional de la CONFER (1994-1995); provincial de Toledo (1987-1993) y Provincial de España (1993-1995). Desde 1995 era Asistente de Europa Meridional de la Compañía de Jesús, hasta que en 2004 fuera nombrado de nuevo Provincial de España.
El 12 de noviembre de 2009 fue elegido, para cuatro años, presidente de CONFER, cargo que seguirá ejerciendo cuando deje el de provincial de España de la C.J.

Llegada de la cruz de los jovenes y el icono a La Palma

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 7 de mayo de 2010 0 comentarios


Originales, festivos y muy participativos fueron los actos desarrollados en Santa Cruz de La Palma con ocasión de la presencia de la Cruz de los Jóvenes y del Icono de la Virgen. Sobre las 21:30 horas llegaron estos signos al muelle de la capital palmera en donde fueron recibidos por un buen número de jóvenes venidos de las diferentes parroquias y colegios religiosos de la Isla.

Allí, el vicario general, Domingo Navarro hizo el recibimiento de estos símbolos cristianos. Navarro, destacó la importancia de que la isla de La Palma se uniera, como un eslabón más, a tantos países y ciudades que han acogido la Cruz y el Icono, actualizando permanentemente el amor de Dios. Además, invitó a todos a vivir aquella noche de modo intenso, alegre y creyente.

Tras el vicario general, tomó la palabra una joven en nombre de todos los presentes, para manifestar la alegría que se derivaba de esta visita. "Queremos danzar de gozo y llevar la palabra de Dios, palabra de amor y de verdad a todos los rincones de nuestra sociedad y de nuestra isla" –señaló. "Hoy nos queremos convertir como los enanos danzarines que cada cinco años bailan a la Virgen de las Nieves. Queremos convertirnos en pequeños para acoger a la Cruz y a María, nuestra madre. Queremos hacernos pequeños para poder hacer el camino y llegar hasta el encuentro Mundial de Madrid. Queremos hacernos pequeños para descubrir a Jesús en nuestras vidas. Queremos hacernos pequeños para gritar a cuantos vienen, que merece la pena seguir a Jesucristo".

En el muelle estaban presentes algunos de los 34 palmeros que participaron, en la plaza de S. Pedro de El Vaticano, en 1984, en la celebración en la que el Papa Juan Pablo II entregó esta Cruz a los jóvenes con el encargo de llevarla por el mundo. Dos de ellos señalaron su satisfacción porque "nunca pensé que aquella cruz llegara tan lejos". "21 años después, señaló una de ellas, "recuerdo emocinada que aquel acontecimiento marcó mi vida". "Esta noche aquí en La Palma me siento feliz y hasta orgullosa, pues viene a mi isla aquella misma Cruz que el Papa nos entregó a nosotros, podríamos decir, los primeros, ya que estuvimos en aquel lugar aquel día de clausura del Jubileo".

A ritmo de batucada, ambos signos fueron llevados por jóvenes hasta la entrada de la calle Real de la capital palmera. Una vez allí, se fueron sucediendo cantos, distintas representaciones y estaciones del llamado Vía Lucis, haciendo presente así, en las calles de esta ciudad, la celebración y la vivencia de la resurrección de Jesús.

A la llegada de la comitiva a la Plaza de España, un buen número de alumnos del colegio Nazaret, de Los Llanos de Aridane, que ocupaban prácticamente toda la escalinata de acceso al templo, realizó una emotiva representación y un canto de recibimiento a la Cruz y al Icono. Ya en el interior del templo, totalmente abarrotado de personas, se realizaron los últimos gestos de cariño y acogida a la cruz y adoración de la Cruz

Por último, entrada la madrugada, estos signos cristianos fueron trasladados al monasterio del Císter, en Breña Alta, para que las monjas de clausura tuvieran oportunidad de velarlos durante la noche.

Antes del amanecer, la Cruz y el Icono fueron transportados, de nuevo, al muelle de la capital palmera para ser embarcados con destino a Tenerife, concretamente a la Sede Catedralicia de La Laguna, donde hoy se sucederán distintos actos que concluirán a las 20:00 horas, con un Vía Lucis. El mismo, constará de catorce estaciones y recorrerá las calles históricas de Aguere con una nutrida participación de grupos que, utilizando diversos lenguajes, ayudarán a vivir momentos fundamentales de la Resurrección de Jesús. Entre los sitios que se detendrán serán los dos conventos de clausura, las Siervas de María, Hermanos de Belén, Asilo de los Desamparados, plaza del Cristo, antiguo colegio La Salle, Sede del Obispado.

Al terminar, el Obispo presidirá, en la iglesia de La Concepción, la Eucaristía de despedida y finalización de esta peregrinación por la Diócesis de S. Cristóbal de La Laguna, de la Cruz y el Icono de los Jóvenes.

¡La Cruz llega a nuestra diócesis!

Publicado por Parroquia de Los Remedios lunes, 3 de mayo de 2010 0 comentarios


Llegada a la Orotava
La llegada a Tenerife
La Cruz y el Icono en Tenerife
Acogida en Santa Cruz de Tenerife
Entrega de la cruz por parte de la diocesis hermana

Entrega de la cruz



Estas son las palabras de nuestro Obispo Nivariense Bernardo Álvarez Afonso, el cual se dirige a los jovenes en esta peregrinación de la cruz y el icono por Canarias, y en especial por nuestra diocesis Nivariense.

HOY LLEGA A TENERIFE LA CRUZ DE LOS JÓVENES

Publicado por Parroquia de Los Remedios 0 comentarios



La Cruz da nombre a la ciudad capital de Tenerife y a la provincia canaria que lleva su nombre: "Santa Cruz de Tenerife". La plaza principal de la ciudad está presidida por una gran Cruz y, además, en todos los barrios y en muchas calles hay cruces fijas que, a lo largo del año, los vecinos honran colocando ramos de flores. Pero al llegar el 3 de mayo, todas las cruces de las diversas ciudades y pueblos son especialmente veneradas. Así ocurre en la capital tinerfeña y palmera, en el Puerto de la Cruz, la Cruz Santa, Los Realejos, Breña Alta, etc. El esplendor y la belleza de los adornos florales, con que se revisten las cruces, nos recuerdan que estamos en plena "Pascua Florida" celebrando a Cristo Resucitado y que, por tanto, el que murió crucificado vive para siempre y al honrar su Cruz le honramos a Él.

Este año, en plenas fiestas de la cruz, concretamente, del 2 al 6 de mayo la llamada ‘Cruz de los Jóvenes’ visitará las islas que conforman la Diócesis Nivariense. Concretamente, llegará hoy, a las 17:00 horas, al muelle de Santa Cruz procedente de Gran Canaria y, en días sucesivos, visitará El Hierro, La Gomera y La Palma. Se trata de una Cruz que fue entregada por Juan Pablo II en las Jornadas de Jóvenes de 1984 y, desde entonces, está presente en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) que se desarrollan en las diferentes ciudades del mundo. Asimismo, la Cruz vendrá acompañada del Icono de la Virgen, el cual fue entregado también por Juan Pablo II a los jóvenes en 2004. Ambos símbolos cristianos han recorrido numerosas ciudades llevando el mensaje de Cristo, entre ellas, París, Roma, Toronto, Manila, Colonia y Sydney… El Papa encomendó a los jóvenes la tarea de llevarla por el mundo «como símbolo del amor de Jesús a la humanidad».

La Cruz es la señal del cristiano, nos enseñaron desde pequeños, porque en ella Jesucristo entregó su vida para salvarnos del poder del pecado y hacernos hijos de Dios. La Cruz es, por tanto, signo de amor, de entrega, de reconciliación y de paz. Para alcanzar la bendición del Señor, hacemos la "Señal de Cruz" sobre nuestro cuerpo. Nos "santiguamos", como popularmente se dice, en muchas ocasiones de la vida: al comienzo de cualquier celebración cristiana, al acostarnos y al levantarnos, al pasar ante una iglesia, ante un cementerio, al iniciar un viaje, al comenzar la comida… y, como no, también nos santiguamos cuando pasamos ante la cruz de nuestra calle o de nuestro barrio.

También, al "persignarnos", hacemos cuatro veces la Cruz sobre nuestro cuerpo al tiempo que pronunciamos esta hermosa oración: "† Por la señal de la Santa Cruz, † de nuestros enemigos, † líbranos Señor, Dios nuestro. † En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". Hacer la "Señal de la Cruz", por tanto, nos identifica como cristianos, es decir, como personas que "adoramos y bendecimos a Cristo, pues por su Santa Cruz ha redimido al mundo".

Un antiguo himno de la liturgia de la Iglesia, que aún rezamos en Semana Santa, compara la Cruz con un árbol, cuyo fruto es el mismo Jesucristo: "¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en, hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!". De hecho, el Viernes Santo, al presentar a los fieles la Cruz el sacerdote dice cantando: "Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo".

La celebración de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud está anunciada para la ciudad de Madrid, del 15 al 21 de agosto de 2011. Su lema será: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2, 7). Que estos días, la peregrinación de la Cruz y del Icono de la Virgen por las distintas islas de la Diócesis, nos sirva a cada uno, precisamente para eso, para fortalecer nuestra fe, arraigar y edificar nuestra vida en el crucificado-resucitado: Jesucristo.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

CRUZ E ICONO DE LA JMJ EN LA DIOCESIS NIVARIENSE

Publicado por Parroquia de Los Remedios sábado, 1 de mayo de 2010 0 comentarios





Del 2 al 6 de mayo la llamada ‘Cruz de los Jóvenes’ visitará las islas que conforman la Diócesis Nivariense. Se trata de una Cruz que fue entregada por Juan Pablo II en las Jornadas de Jóvenes de 1984 y, desde entonces, está presente en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) que se desarrollan en las diferentes ciudades del mundo. Asimismo, la Cruz vendrá acompañada del Icono de la Virgen, el cual fue entregado también por Juan Pablo II a los jóvenes en 2004. Ambos símbolos cristianos han recorrido numerosas ciudades llevando el mensaje de Cristo, entre ellas, París, Roma, Toronto, Colonia y Sydney.

En este momento, están recorriendo las distintas diócesis de nuestro país. Una iniciativa que está sirviendo de preparación para la próxima Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid el próximo año.

Llegada y Norte de Tenerife

El día 2 de mayo, al las 17:00 horas, la Cruz y el Icono llegarán al muelle de Ribera de la capital tinerfeña procedentes de Gran Canaria. Posteriormente, la Cruz y el Icono visitarán el norte de Tenerife, concretamente La Orotava. A las 20:30 horas será la bienvenida en San Agustín y luego se llevará a cabo un Vía Lucis hasta la iglesia de La Concepción. Los jóvenes podrán disfrutar esa noche de una vigilia de oración ante la Cruz.

El Hierro

Al día siguiente, estos símbolos religiosos se dirigirán a El Hierro. El embarque tendrá lugar a las 15:30 horas y se prevé la llegada al Puerto de la Estaca sobre las 19:30 horas. Luego, estos símbolos se trasladarán a Valverde. A las 20:30 horas, será la recepción en la iglesia de Santiago y, seguidamente, se dirigirán hacia la parroquia de La Concepción. Tras la Venia, se procederá a leer la historia de la Cruz de los Jóvenes. Esa noche también habrá vigilia de oración para los jóvenes herreños.

La Gomera

El martes 4 de mayo será el turno para La Gomera. A las 17:30 horas los participantes le darán la bienvenida a la Cruz y al Icono en la Playa de San Sebastián, mediante una coreografía. Asimismo, una joven se dirigirá a estos símbolos a través del silbo gomero. Luego se realizará el traslado hasta el templo parroquial de La Asunción, al ritmo de batucada. A las 19:00 horas, se celebrará la eucaristía y a las 21:00 horas, tendrá lugar un Vía Lucis por la Calle Real y la Plaza de la Constitución. La despedida será a las 22:30 horas.


Sur de Tenerife

La Cruz y el Icono volverán a Tenerife, el miércoles 5, para visitar la zona sur. A las 8:15 horas será la llegada al muelle de Los Cristianos y posteriormente se dirigirán a El Médano. A las 10:45 se llevará a cabo un Vía Crucis en el entorno de la Cueva del Hermano Pedro. A mediodía, tendrá lugar un acto de veneración de la Cruz y a las 17:00 horas se celebrará la eucaristía.

La Palma

El miércoles, día 5 de mayo, los palmeros recibirán la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen a las 21:15 horas, en el muelle. Seguidamente, los participantes realizarán un Vía Lucis hasta la plaza de España. Además, los jóvenes palmeros podrán acompañar a estos símbolos cristianos a través de una Vigilia de Oración en la parroquia de El Salvador de la capital de la isla.

Regreso a Tenerife

Ya el día 6, la Cruz y el Icono regresarán a Tenerife, concretamente, a La Laguna para finalizar su itinerario en la iglesia de La Concepción. Se prevé que ambos símbolos estén en este templo sobre las 10:00 horas. Los colegios que lo deseen podrán acudir de visita tanto en horario de mañana como de tarde. Tanto a las 13:00 como a las 19:00 horas habrá celebraciones de la Eucaristía. Asimismo, tras el Vía Lucis por las calles laguneras de las 20:00 horas, habrá una nueva celebración eucarística para despedir a la Cruz de los Jóvenes y al Icono de la Virgen.

Acogida de la cruz y el icono de la JMJ en La Palma

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 30 de abril de 2010 0 comentarios

El Miercoles día 5 de Mayo la cruz y el icono de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) será embarcada desde el puerto de Los Cristianos hasta la capital palmera tras tener una gran acojida en la zona sur de Tenerife.

En La Palma estará durante un corto periodo de tiempo, concretamente desde las 21:15 hasta las 6:30, durante ese periodo que permanezca en la isla se realizaran varios actos, entre ellos un Via Lucis y la recepción en el puerto.


· Para mas información sobre los actos mirar el enlace: http://www.obispadodetenerife.es/imagenes/ProgramaDeLaCruz.jpg

Historia de la Cruz

La Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud o Cruz de los Jóvenes es una cruz de madera de 3,8 m de altura entregada a los jóvenes por Juan Pablo II en la jornada de 1984 en Roma. El Papa encomendó a los jóvenes la tarea de llevarla por el mundo «como símbolo del amor de Jesús a la humanidad». En 2003 Juan Pablo II hizo entrega también de una imagen de la Virgen María para acompañar a la cruz en su «peregrinación».

La Jornada Mundial de la Juventud

La celebración de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud está anunciada para la ciudad de Madrid, del 15 al 21 de agosto de 2011. Cuyo tema será: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2, 7).

La Jornada Mundial de la Juventud se realiza anualmente en cada diócesis del mundo el día de Domingo de Ramos, con una ceremonia principal en el Vaticano. Sin embargo, cada dos o tres años, se realiza un gran encuentro internacional realizado en una ciudad sede. Esta ceremonia es presidida por el Papa. Este último encuentro, de varios días de duración, es el que se asocia habitualmente con el nombre de Jornada Mundial de la Juventud.

La última jornada se celebró en Sídney del 15 al 20 de julio de 2008, y la próxima, según ha anunciado el Papa Benedicto XVI, tendrá lugar en Madrid, España, en 2011.

EL TESTIMONIO SUSCITA VOCACIONES

Publicado por Parroquia de Los Remedios viernes, 16 de abril de 2010 0 comentarios



Me es grato recordar lo que escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II: «La
vida misma de los presbíteros, su entrega incondicional a la grey de Dios, su testimonio
de servicio amoroso al Señor y a su Iglesia —un testimonio sellado con la opción
por la cruz, acogida en la esperanza y en el gozo pascual—, su concordia fraterna
y su celo por la evangelización del mundo, son el factor primero y más persuasivo
de fecundidad vocacional» (Pastores dabo vobis, 41). Se podría decir que las vocaciones
sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi como un patrimonio
precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida entera.
Esto vale también para la vida consagrada. La existencia misma de los religiosos
y de las religiosas habla del amor de Cristo, cuando le siguen con plena fi delidad al
Evangelio y asumen con alegría sus criterios de juicio y conducta. Llegan a ser «signo
de contradicción» para el mundo, cuya lógica está inspirada muchas veces por el
materialismo, el egoísmo y el individualismo. Su fi delidad y la fuerza de su testimonio,
porque se dejan conquistar por Dios renunciando a sí mismos, sigue suscitando
en el alma de muchos jóvenes el deseo de seguir a Cristo para siempre, generosa y
totalmente. Imitar a Cristo casto, pobre y obediente, e identifi carse con Él: he aquí el
ideal de la vida consagrada, testimonio de la primacía absoluta de Dios en la vida y
en la historia de los hombres.
Todo presbítero, todo consagrado y toda consagrada, fi eles a su vocación, transmiten
la alegría de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la
llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones específi cas
al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso e incisivo el
anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos los que ya han dicho su
«sí» a Dios y al proyecto de vida que Él tiene sobre cada uno. El testimonio personal,
hecho de elecciones existenciales y concretas, animará a los jóvenes a tomar
decisiones comprometidas que determinen su futuro. Para ayudarles es necesario el
arte del encuentro y del diálogo capaz de iluminarles y acompañarles, a través sobre
todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocación. Así lo hizo el santo
Cura de Ars, el cual, siempre en contacto con sus parroquianos, «enseñaba, sobre
todo, con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fi eles a orar» (Carta
para la convocación del Año Sacerdotal, 16 junio 2009).
Que esta Jornada Mundial ofrezca de nuevo una preciosa oportunidad a muchos
jóvenes para refl exionar sobre su vocación, entregándose a ella con sencillez, confi
anza y plena disponibilidad. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, custodie
hasta el más pequeño germen de vocación en el corazón de quienes el Señor llama
a seguirle más de cerca, hasta que se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos
para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Rezo por esta intención, a la vez que
imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 13 de noviembre de 2009


XLVII JORNADA MUNDIAL DE
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


25 de abril de 2010 – IV Domingo de Pascua
Tema: «El testimonio suscita vocaciones»




Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos hermanos y hermanas:
La XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará en
el IV domingo de Pascua, domingo del «Buen Pastor», el 25 de abril de 2010, me
ofrece la oportunidad de proponer a vuestra refl exión un tema en sintonía con el
Año Sacerdotal: El testimonio suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta
vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero,
como confi rma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y
la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la
llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que
su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la
llamada de Cristo. Este tema está, pues, estrechamente unido a la vida y a la misión
de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitar a todos los que el
Señor ha llamado a trabajar en su viña a renovar su fiel respuesta, sobre todo en este
Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del CL aniversario de la muerte de
san Juan María Vianney, el Cura de Ars, modelo siempre actual de presbítero y de
párroco.
Ya en el Antiguo Testamento los profetas eran conscientes de estar llamados a
dar testimonio con su vida de lo que anunciaban, dispuestos a afrontar incluso la
incomprensión, el rechazo, la persecución. La misión que Dios les había confiado los
implicaba completamente, como un incontenible «fuego ardiente» en el corazón (cf.
Jr 20, 9), y por eso estaban dispuestos a entregar al Señor no solamente la voz, sino
toda su existencia. En la plenitud de los tiempos, será Jesús, el enviado del Padre
(cf. Jn 5, 36), el que con su misión dará testimonio del amor de Dios hacia todos los
hombres, sin distinción, con especial atención a los últimos, a los pecadores, a los
marginados, a los pobres. Él es el Testigo por excelencia de Dios y de su deseo de
que todos se salven. En la aurora de los tiempos nuevos, Juan Bautista, con una vida
enteramente entregada a preparar el camino a Cristo, da testimonio de que en el Hijo
de María de Nazaret se cumplen las promesas de Dios. Cuando lo ve acercarse al río
Jordán, donde estaba bautizando, lo muestra a sus discípulos como «el Cordero de
Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). Su testimonio es tan fecundo, que
dos de sus discípulos «oyéndole decir esto, siguieron a Jesús» (Jn 1, 37).
También la vocación de Pedro, según escribe el evangelista Juan, pasa a través
del testimonio de su hermano Andrés, el cual, después de haber encontrado al Maestro
y haber respondido a la invitación de permanecer con Él, siente la necesidad
de comunicarle inmediatamente lo que ha descubierto en su «permanecer» con el
Señor: «Hemos encontrado al Mesías –que quiere decir Cristo– y lo llevó a Jesús»
(Jn 1, 41-42). Lo mismo sucede con Natanael, Bartolomé, gracias al testimonio de
otro discípulo, Felipe, el cual comunica con alegría su gran descubrimiento: «Hemos
encontrado a aquel de quien escribió Moisés, en el libro de la ley, y del que hablaron
los Profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1, 45). La iniciativa libre y
gratuita de Dios encuentra e interpela la responsabilidad humana de cuantos acogen
su invitación para convertirse con su propio testimonio en instrumentos de la llamada
divina. Esto acontece también hoy en la Iglesia: Dios se sirve del testimonio de
los sacerdotes, fieles a su misión, para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas
al servicio del Pueblo de Dios. Por esta razón deseo señalar tres aspectos de la
vida del presbítero, que considero esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz.
Elemento fundamental y reconocible de toda vocación al sacerdocio y a la vida
consagrada es la amistad con Cristo. Jesús vivía en constante unión con el Padre, y esto
era lo que suscitaba en los discípulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo
de Él la comunión y el diálogo incesante con Dios. Si el sacerdote es el «hombre
de Dios», que pertenece a Dios y que ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de
cultivar una profunda intimidad con Él, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la
escucha de su Palabra. La oración es el primer testimonio que suscita vocaciones. Como
el apóstol Andrés, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente
quien quiere ser discípulo y testigo de Cristo debe haberlo «visto» personalmente, debe
haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo y a estar con Él.
Otro aspecto de la consagración sacerdotal y de la vida religiosa es el don total
de sí mismo a Dios. Escribe el apóstol Juan: «En esto hemos conocido lo que es el
amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida
por los hermanos» (1 Jn 3, 16). Con estas palabras, el apóstol invita a los discípulos
a entrar en la misma lógica de Jesús que, a lo largo de su existencia, ha cumplido la
voluntad del Padre hasta el don supremo de sí mismo en la cruz. Se manifiesta aquí
la misericordia de Dios en toda su plenitud; amor misericordioso que ha vencido las
tinieblas del mal, del pecado y de la muerte. La imagen de Jesús que en la Última
Cena se levanta de la mesa, se quita el manto, toma una toalla, se la ciñe a la cintura
y se inclina para lavar los pies a los apóstoles, expresa el sentido del servicio y del
don manifestados en su entera existencia, en obediencia a la voluntad del Padre (cf.
Jn 13, 3-15). Siguiendo a Jesús, quien ha sido llamado a la vida de especial consagración
debe esforzarse en dar testimonio del don total de sí mismo a Dios. De ahí
brota la capacidad de darse luego a los que la Providencia le confíe en el ministerio
pastoral, con entrega plena, continua y fiel, y con la alegría de hacerse compañero de
camino de tantos hermanos, para que se abran al encuentro con Cristo y su Palabra
se convierta en luz en su sendero. La historia de cada vocación va unida casi siempre
con el testimonio de un sacerdote que vive con alegría el don de sí mismo a los hermanos
por el Reino de los Cielos. Y esto porque la cercanía y la palabra de un sacerdote
son capaces de suscitar interrogantes y conducir a decisiones incluso definitivas
(cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal, Pastores dabo vobis, 39).
Por último, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a
la persona consagrada es el vivir la comunión. Jesús indicó, como signo distintivo
de quien quiere ser su discípulo, la profunda comunión en el amor: «Por el amor que
os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,
35). De manera especial, el sacerdote debe ser hombre de comunión, abierto a todos,
capaz de caminar unido con toda la grey que la bondad del Señor le ha confiado,
ayudando a superar divisiones, a reparar fracturas, a suavizar contrastes e incomprensiones,
a perdonar ofensas. En julio de 2005, en el Encuentro con el Clero de
Aosta, tuve la oportunidad de decir que si los jóvenes ven sacerdotes muy aislados
y tristes, no se sienten animados a seguir su ejemplo. Se sienten indecisos cuando se
les hace creer que ése es el futuro de un sacerdote. En cambio, es importante llevar
una vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote. Entonces, el joven dirá:
«Sí, este puede ser un futuro también para mí, así se puede vivir» (Insegnamenti I
[2005], 354). El Concilio Vaticano II, refiriéndose al testimonio que suscita vocaciones,
subraya el ejemplo de caridad y de colaboración fraterna que deben ofrecer los
sacerdotes (cf. Optatam totius, 2).

VEN Y SIGUEME

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La nueva edición de la Revista Nivariense

Publicado por Parroquia de Los Remedios martes, 13 de abril de 2010 0 comentarios



Ya han salido a todas las parroquias de la Diocesis Nivariense la revista donde encontramos gran cantidad de contenido correspondiente a nuestra diocesis, de cada isla y de algunos actos celebrados.


En el siguiente link podeis encontrar la revista en PDF:


El Cura de Ars

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SAN JUAN MARÍA VIANNEY (1786-1859)EL SANTO CURA DE ARS
por Lamberto de Echeverría


Sacerdote diocesano, miembro de la Tercera Orden Franciscana, que tuvo que superar incontables dificultades para llegar a ordenarse de presbítero. Su celo por las almas, sus catequesis y su ministerio en el confesonario transformaron el publecillo de Ars, que a su vez se convirtió en centro de frecuentes peregrinaciones de multitudes que buscaban al Santo Cura. Es patrono de los párrocos.
Oficialmente, en libros litúrgicos, aparece su verdadero nombre: San Juan Bautista María Vianney. Pero en todo el universo es conocido con el título de Cura de Ars. Poco importa la opinión de algún canonista exigente que dirá, a nuestro juicio con razón, que el Santo no llegó a ser jurídicamente verdadero párroco de Ars, ni aun en la última fase de su vida, cuando Ars ganó en consideración canónica. Poco importa que el uso francés hubiera debido exigir que se le llamara el canónigo Vianney, ya que tenía este título concedido por el obispo de Belley. Pasando por encima de estas consideraciones, el hecho real es que consagró prácticamente toda su vida sacerdotal a la santificación de las almas del minúsculo pueblo de Ars y que de esta manera unió, ya para siempre, su nombre y la fama de su santidad al del pueblecillo.
Ars tiene hoy 370 habitantes, poco más o menos los que tenía en tiempos del Santo Cura. Al correr por sus calles parece que no han pasado los años. Únicamente la basílica, que el Santo soñó como consagrada a Santa Filomena, pero en la que hoy reposan sus restos en preciosa urna, dice al visitante que por el pueblo pasó un cura verdaderamente extraordinario.
Apresurémonos a decir que el marco externo de su vida no pudo ser más sencillo. Nacido en Dardilly, en las cercanías de Lyón, el 8 de mayo de 1786, tras una infancia normal y corriente en un pueblecillo, únicamente alterada por las consecuencias de los avatares políticos de aquel entonces, inicia sus estudios sacerdotales, que se vio obligado a interrumpir por el único episodio humanamente novelesco que encontramos en su vida: su deserción del servicio militar. Terminado este período, vuelve al seminario, logra tras muchas dificultades ordenarse sacerdote y, después de un breve período de coadjutor en Ecully, es nombrado, por fin, para atender al pueblecillo de Ars. Allí, durante los cuarenta y dos años que van de 1818 a 1859, se entrega ardorosamente al cuidado de las almas. Puede decirse que ya no se mueve para nada del pueblecillo hasta la hora de la muerte.
Y sin moverse de allí logró adquirir una resonante celebridad. Recientemente se ha editado, con motivo del centenario de su muerte, una obra en la que se recogen testimonios curiosísimos de esta impresionante celebridad: pliego de cordel, con su imagen y la explicación de sus actividades; muestras de las estampas que se editaron en vida del Santo en cantidad asombrosa; folletos explicando la manera de hacer el viaje a Ars, etc.
El contraste entre lo uno y lo otro, la sencillez externa de la vida y la prodigiosa fama del protagonista nos muestran la inmensa profundidad que esa sencilla vida encierra.
* * *
Nace el Santo en tiempos revueltos: el 8 de mayo de 1786. En Dardilly, no lejos de Lyón. Estamos por consiguiente en uno de los más vivos hogares de la actividad religiosa de Francia. Desde algunos puntos del pueblo se alcanza a ver la altura en que está la basílica de Fourvière, en Lyón, uno de los más poderosos centros de irradiación y renovación cristiana de Francia entera. Juan María compartirá el seminario con el Beato Marcelino Champagnat, fundador de los maristas; con Juan Claudio Colin, fundador de la Compañía de María, y con Fernando Donnet, el futuro cardenal arzobispo de Burdeos. Y hemos de verle en contacto con las más relevantes personalidades de la renovación religiosa que se opera en Francia después de la Revolución francesa. La enumeración es larga e impresionante. Destaquemos, sin embargo, entre los muchos nombres, dos particularmente significativos: Lacordaire y Paulina Jaricot.
Tierra, por consiguiente, de profunda significación cristiana. No en vano Lyón era la diócesis primacial de las Galias. Pero antes de que, en un período de relativa paz religiosa, puedan desplegarse libremente las fuerzas latentes, han de pasar tiempos bien difíciles. En efecto, es aún niño Juan María cuando estalla la Revolución Francesa. Al frente de la parroquia ponen a un cura constitucional, y la familia Vianney deja de asistir a los cultos. Muchas veces el pequeño Juan María oirá misa en cualquier rincón de la casa, celebrada por alguno de aquellos heroicos sacerdotes, fieles al Papa, que son perseguidos con tanta rabia por los revolucionarios. Su primera comunión la ha de hacer en otro pueblo, distinto del suyo, Ecully, en un salón con las ventanas cuidadosamente cerradas, para que nada se trasluzca al exterior.
A los diecisiete años la situación se hace menos tensa. Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado. Un santo sacerdote, el padre Balley, se presta a ayudarle. Pero... el latín se hace muy difícil para aquel mozo campesino. Llega un momento en que toda su tenacidad no basta, en que empieza a sentir desalientos. Entonces se decide a hacer una peregrinación, pidiendo limosna, a pie, a la tumba de San Francisco de Regis, en Louvesc. El Santo no escucha, aparentemente, la oración del heroico peregrino, pues las dificultades para aprender subsisten. Pero le da lo substancial: Juan María llegará a ser sacerdote.
Antes ha de pasar por un episodio novelesco. Por un error no le alcanza la liberación del servicio militar que el cardenal Fesch había conseguido de su sobrino el emperador para los seminaristas de Lyón. Juan María es llamado al servicio militar. Cae enfermo, ingresa en el hospital militar de Lyón, pasa luego al hospital de Ruán, y por fin, sin atender a su debilidad, pues está aún convaleciente, es destinado a combatir en España. No puede seguir a sus compañeros, que marchan a Bayona para incorporarse. Solo, enfermo, desalentado, le sale al encuentro un joven que le invita a seguirle. De esta manera, sin habérselo propuesto, Juan María será desertor. Oculto en las montañas de Noës, pasará desde 1809 a 1811 una vida de continuo peligro, por las frecuentes incursiones de los gendarmes, pero de altísima ejemplaridad, pues también en este pueblecillo dejó huella imperecedera por su virtud y su caridad.
Una amnistía le permite volver a su pueblo. Como si sólo estuviera esperando el regreso, su anciana madre muere poco después. Juan María continúa sus estudios sacerdotales en Verrières primero y después en el seminario mayor de Lyón. Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años. Había acudido a Grenoble solo y nadie le acompañó tampoco en su primera misa, que celebró al día siguiente. Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a peso de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.
Aún no habían terminado sus estudios. Durante tres años, de 1815 a 1818, continuará repasando la teología junto al padre Balley, en Ecully, con la consideración de coadjutor suyo. Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars. Todavía no tenía ni siquiera la consideración de parroquia, sino que era simplemente una dependencia de la parroquia de Mizérieux, que distaba tres kilómetros. Normalmente no hubiera tenido sacerdote, pero la señorita de Garets, que habitaba en el castillo y pertenecía a una familia muy influyente, había conseguido que se hiciera el nombramiento.
Ya tenemos, desde el 9 de febrero de 1818, a San Juan María en el pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás. Habrá algunas tentativas de alejarlo de Ars, y por dos veces la administración diocesana le enviará el nombramiento para otra parroquia. Otras veces el mismo Cura será quien intente marcharse para irse a un rincón «a llorar su pobre vida», como con frase enormemente gráfica repetirá. Pero siempre se interpondrá, de manera manifiesta, la divina Providencia, que quería que San Juan María llegara a resplandecer, como patrono de todos los curas del mundo, precisamente en el marco humilde de una parroquia de pueblo.
* * *
Podemos distinguir en la actividad parroquial de San Juan María dos aspectos fundamentales, que en cierta manera corresponden también a dos fases de su vida.
Mientras no se inició la gran peregrinación a Ars, el cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Y así le vemos visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y hermoseamiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta un santo despilfarro para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.
No le faltaron, sin embargo, calumnias y persecuciones. Se empleó a fondo en una labor de moralización del pueblo: la guerra a las tabernas, la lucha contra el trabajo de los domingos, la sostenida actividad para conseguir desterrar la ignorancia religiosa y, sobre todo, su dramática oposición al baile, le ocasionaron sinsabores y disgustos. No faltaron acusaciones ante sus propios superiores religiosos. Sin embargo, su virtud consiguió triunfar, y años después podía decirse con toda verdad que «Ars ya no es Ars». Los peregrinos que iban a empezar a llegar, venidos de todas partes, recogerían con edificación el ejemplo de aquel pueblecillo donde florecían las vocaciones religiosas, se practicaba la caridad, se habían desterrado los vicios, se hacía oración en las casas y se santificaba el trabajo.
La lucha tuvo en algunas ocasiones un carácter más dramático aún. Conocemos episodios de la vida del Santo en que su lucha con el demonio llega a adquirir tales caracteres que no podemos atribuirlos a ilusión o a coincidencias. El anecdotario es copioso, y en algunas ocasiones sobrecogedor.
Ya hemos dicho que el Santo solía ayudar, con fraternal caridad, a sus compañeros en las misiones parroquiales que se organizaban en los pueblos de los alrededores. En todos ellos dejaba el Santo un gran renombre por su oración, su penitencia y su ejemplaridad. Era lógico que aquellos buenos campesinos recurrieran luego a él, al presentarse dificultades, o simplemente para confesarse y volver a recibir los buenos consejos que de sus labios habían escuchado. Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación a Ars. Lo que al principio sólo era un fenómeno local, circunscrito casi a las diócesis de Lyón y Belley, luego fue tomando un vuelo cada vez mayor, de tal manera que llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aun en Europa entera. De todas partes empezaron a afluir peregrinos, se editaron libros para servir de guía, y es conocido el hecho de que en la estación de Lyón se llegó a establecer una taquilla especial para despachar billetes de ida y vuelta a Ars. Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los peores pueblos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición, desde prelados insignes e intelectuales famosos, hasta humildísimos enfermos y pobres gentes atribuladas que irían a buscar en él algún consuelo.
Aquella afluencia de gentes iba a alterar por completo su vida. Día llegará en que el Santo Cura desconocerá su propio pueblo, encerrado como se pasará el día entre las míseras tablas de su confesonario. Entonces se producirá el milagro más impresionante de toda su vida: el simple hecho de que pudiera subsistir con aquel género de vida.
Porque aquel hombre, por el que van pasando ya los años, sostendrá como habitual la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.
Por si fuera poco, sus penitencias eran extraordinarias, y así podían verlo con admiración y en ocasiones con espanto quienes le cuidaban. Aun cuando los años y las enfermedades le impedían dormir con un poco de tranquilidad las escasas horas a ello destinadas, su primer cuidado al levantarse era darse una sangrienta disciplina...
Dios bendecía manifiestamente su actividad. El que a duras penas había hecho sus estudios, se desenvolvía con maravillosa firmeza en el púlpito, sin tiempo para prepararse, y resolvía delicadísimos problemas de conciencia en el confesonario. Es más: cuando muera, habrá testimonios, abundantes hasta lo increíble, de su don de discernimiento de conciencias. A éste le recordó un pecado olvidado, a aquél le manifestó claramente su vocación, a la otra le abrió los ojos sobre los peligros en que se encontraba, a otras personas que traían entre manos obras de mucha importancia para la Iglesia de Dios les descorrió el velo del porvenir... Con sencillez, casi como si se tratara de corazonadas o de ocurrencias, el Santo mostraba estar en íntimo contacto con Dios Nuestro Señor y ser iluminado con frecuencia por Él.
* * *
No imaginemos, sin embargo, al Santo como un ser completamente desligado de toda humanidad. Antes al contrario. Conservamos el testimonio de personas, pertenecientes a las más elevadas esferas de aquella puntillosa sociedad francesa del siglo XIX, que marcharon de Ars admiradas de su cortesía y gentileza. Ni es esto sólo. Mil anécdotas nos conservan el recuerdo de su agudo sentido del humor. Sabía resolver con gracia las situaciones en que le colocaban a veces sus entusiastas. Así, cuando el señor obispo le nombró canónigo, su coadjutor le insistía un día en que, según la costumbre francesa, usara su muceta. «¡Ah, amigo mío! -respondió sonriente-, soy más listo de lo que se imaginaban. Esperaban burlarse de mí, al verla sobre mis hombros, y yo les he cazado». «Sin embargo, ya ve, hasta ahora es usted el único a quien el señor obispo ha dado ese nombramiento». «Natural. Ha tenido tan poca fortuna la primera vez, que no ha querido volver a tentar suerte».
Servel y Perrin han exhumado hace poco una anécdota conmovedora: Un día, el Santo recibió en Ars la visita de una hija de la tía Fayot, la buena señora que le había acogido en su casa mientras estuvo oculto como prófugo. Y el Santo Cura, en agradecimiento a lo que su madre había hecho con él, le compró un paraguas de seda. ¿Verdad que es hermoso imaginarnos al cura y a la jovencita entrando en la modestísima tienda del pueblo y eligiendo aquel paraguas de seda, el único acaso que habría allí? ¿Verdad que muchas veces se nos caricaturiza a los santos ocultándonos anécdotas tan significativas?
Pero donde más brilló su profundo sentido humano fue en la fundación de «La Providencia», aquella casita que, sin plan determinado alguno, en brazos exclusivamente de la caridad, fundó el señor cura para acoger a las pobres huerfanitas de los contornos. Entre los documentos humanos más conmovedores, por su propia sencillez y cariño, se contarán siempre las Memorias que Catalina Lassagne escribió sobre el Santo Cura. A ella le puso al frente de la obra y allí estuvo hasta que, quien tenía autoridad para ello, determinó que las cosas se hicieran de otra manera. Pero la misma reacción del Santo mostró entonces hasta qué punto convivían en él, junto a un profundo sentido de obediencia rendida, un no menor sentido de humanísima ternura. Por lo demás, si alguna vez en el mundo se ha contado un milagro con sencillez, fue cuando Catalina narró para siempre jamás lo que un día en que faltaba harina le ocurrió a ella. Consultó al señor cura e hizo que su compañera se pusiera a amasar, con la más candorosa simplicidad, lo poquito que quedaba y que ciertamente no alcanzaría para cuatro panes. «Mientras ella amasaba, la pasta se iba espesando. Ella añadía agua. Por fin estuvo llena la amasadera, y ella hizo una hornada de diez grandes panes de 20 a 22 libras». Lo bueno es que, cuando acuden emocionadas las dos mujeres al señor cura, éste se limita a exclamar: «El buen Dios es muy bueno. Cuida de sus pobres».
* * *
El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».
Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.
Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».
Lo canonizó el papa Pío XI el 31 de mayo de 1925, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos.
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Lamberto de Echeverría, El Santo Cura de Ars, en Año Cristiano, Tomo III, Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 351-360.

Mensaje de Pascua de Benedicto XVI

Publicado por Parroquia de Los Remedios martes, 6 de abril de 2010 0 comentarios



“La Pascua es la verdadera salvación de la humanidad”
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de Pascua que pronunció Benedicto XVI este Domingo de Resurrección a mediodía, desde el balcón de la fachada de la Basílica Vaticana, antes de impartir la bendición "urbi et orbi".


* * *


"Cantemus Domino: gloriose enim magnificatus est"."Cantaré al Señor, sublime es su victoria" (Liturgia de las Horas, Pascua, Oficio de Lecturas, Ant. 1).
Queridos hermanos y hermanas:
Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: "Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar". Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual, y explican su significado en una oración especial de la misma; es una oración que ahora, bajo la plena luz de la resurrección, hacemos nuestra con alegría: "También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas, y lo mismo que en otro tiempo manifestabas tu poder al librar a un solo pueblo de la persecución del faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas renacer por las aguas del bautismo. Te pedimos que los hombres del mundo entero lleguen a ser hijos de Abraham y miembros del nuevo Israel".
El Evangelio nos ha revelado el cumplimiento de las figuras antiguas: Jesucristo, con su muerte y resurrección, ha liberado al hombre de aquella esclavitud radical que es el pecado, abriéndole el camino hacia la verdadera Tierra prometida, el Reino de Dios, Reino universal de justicia, de amor y de paz. Este "éxodo" se cumple ante todo dentro del hombre mismo, y consiste en un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo, fruto del Bautismo que Cristo nos ha dado precisamente en el misterio pascual. El hombre viejo deja el puesto al hombre nuevo; la vida anterior queda atrás, se puede caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4). Pero, el "éxodo" espiritual es fuente de una liberación integral, capaz de renovar cualquier dimensión humana, personal y social.
Sí, hermanos, la Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón. ¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: "Cantemos al Señor, sublime es su victoria".
El pueblo cristiano, nacido de las aguas del Bautismo, está llamado a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. La Iglesia es el pueblo del éxodo, porque constantemente vive el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora siempre y en todas partes. También hoy la humanidad necesita un "éxodo", que consista no sólo en retoques superficiales, sino en una conversión espiritual y moral. Necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda y que, por consiguiente, pide cambios profundos, comenzando por las conciencias.
Le pido al Señor Jesús que en Medio Oriente, y en particular en la Tierra santificada con su muerte y resurrección, los Pueblos lleven a cabo un "éxodo" verdadero y definitivo de la guerra y la violencia a la paz y la concordia. Que el Resucitado se dirija a las comunidades cristianas que sufren y son probadas, especialmente en Iraq, dirigiéndoles las palabras de consuelo y de ánimo con que saludó a los Apóstoles en el Cenáculo: "Paz a vosotros" (Jn 20,21).
Que la Pascua de Cristo represente, para aquellos Países Latinoamericanos y del Caribe que sufren un peligroso recrudecimiento de los crímenes relacionados con el narcotráfico, la victoria de la convivencia pacífica y del respeto del bien común. Que la querida población de Haití, devastada por la terrible tragedia del terremoto, lleve a cabo su "éxodo" del luto y la desesperación a una nueva esperanza, con la ayuda de la solidaridad internacional. Que los amados ciudadanos chilenos, asolados por otra grave catástrofe, afronten con tenacidad, y sostenidos por la fe, los trabajos de reconstrucción.
Que se ponga fin, con la fuerza de Jesús resucitado, a los conflictos que siguen provocando en África destrucción y sufrimiento, y se alcance la paz y la reconciliación imprescindibles para el desarrollo. De modo particular, confío al Señor el futuro de la República Democrática del Congo, de Guinea y de Nigeria.
Que el Resucitado sostenga a los cristianos que, como en Pakistán, sufren persecución e incluso la muerte por su fe. Que Él conceda la fuerza para emprender caminos de diálogo y de convivencia serena a los Países afligidos por el terrorismo y las discriminaciones sociales o religiosas. Que la Pascua de Cristo traiga luz y fortaleza a los responsables de todas las Naciones, para que la actividad económica y financiera se rija finalmente por criterios de verdad, de justicia y de ayuda fraterna. Que la potencia salvadora de la resurrección de Cristo colme a toda la humanidad, para que superando las múltiples y trágicas expresiones de una "cultura de la muerte" que se va difundiendo, pueda construir un futuro de amor y de verdad, en el que toda vida humana sea respetada y acogida.
Queridos hermanos y hermanas. La Pascua no consiste en magia alguna. De la misma manera que el pueblo judío se encontró con el desierto, más allá del Mar Rojo, así también la Iglesia, después de la Resurrección, se encuentra con los gozos y esperanzas, los dolores y angustias de la historia. Y, sin embargo, esta historia ha cambiado, ha sido marcada por una alianza nueva y eterna, está realmente abierta al futuro. Por eso, salvados en esperanza, proseguimos nuestra peregrinación llevando en el corazón el canto antiguo y siempre nuevo: "Cantaré al Señor, sublime es su victoria".
[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Libreria Editrice Vaticana]